No hay que olvidar quién es el verdadero enemigo
Interludio
Román Revueltas Retes
¿Fue una advertencia? ¿Una venganza? ¿Una respuesta? ¿Una estrategia defensiva? No lo sabemos. Pero lo que sí nos queda muy claro es que el asesinato del candidato priista al gobierno de Tamaulipas significa un abierto desafío al Estado mexicano. No habíamos visto, hasta ahora, una acción de parecido calibre. El siguiente paso sería el terrorismo puro y duro. ¿El crimen organizado comenzará a poner bombas y a matar deliberadamente a civiles inocentes como en Colombia? Ya ocurrió en Morelia. ¿Es lo que sigue?
La vida pública de este país se trasmutó en una indescifrable novela de misterio desde el momento en que Luis Donaldo Colosio fue abatido por las balas de Mario Aburto. Es cierto que ya existían, en tiempos más remotos, personajes oscuros como León Toral, asesino tan confeso como el propio tirador de Lomas Taurinas. Pero la paz instaurada por el régimen revolucionario había durado más de medio siglo sin que se advirtieran fisuras en el aparato oficial. Hoy, vivimos en un estado de azoro permanente, sorprendidos cotidianamente por episodios tan extraordinarios como inexplicables. Nuestra realidad es ficción pura y terreno fértil para las más desaforadas sospechas.
No es momento, sin embargo, de arremeter contra el gobierno aunque esta muerte pueda resultar, de manera indirecta, de haber “agitado el avispero” del narcotráfico. No he escuchado todavía argumento más inmoral que la recomendación de dejar a los criminales en paz, a su aire, para que se sigan dedicando tranquilamente a lo suyo sin meterse con nadie y ofreciendo, encima, garantías de seguridad pública a las regiones donde operan en vez de que, por cuenta de la “guerra” emprendida en su contra, sean estos territorios los escenarios donde tienen lugar sangrientos enfrentamientos y ajustes de cuentas.
Son ellos —los mafiosos— los asesinos. Nadie más. Y las bajas en combate ocurren, precisamente, porque están armados, porque no respetan mínimamente la vida humana y porque su primer negocio es el terror y la violencia. Pues eso.


