Juan Cortina Gallardo versus la SEP
Cubículo Estratégico
Carlos Mota
Tronó. Se avecina una guerra fuerte. Se trata de las empresas que fabrican refrescos y alimentos versus la autoridad federal, que busca eliminar de las escuelas el consumo de alimentos y bebidas con alto contenido calórico. Ayer, Juan Cortina Gallardo, presidente de la Cámara Nacional de las Industrias Azucarera y Alcoholera (CNIAA), lanzó su ofensiva, al solicitar oficialmente no estigmatizar el azúcar de caña.
El razonamiento de los industriales es impecable: buscan que el azúcar de caña no sea calificada “como un producto perjudicial”, y han solicitado a la Cofemer —que revisa los anteproyectos de ley— que elimine las fracciones en las que así se califica a ese producto.
La CNIAA dice que el proyecto de ley “crea confusión entre los consumidores al presentar como nocivo el consumo de azúcar de caña, edulcorante 100 por ciento natural que por más de cinco siglos ha formado parte de la dieta de los mexicanos, sin ser causante de trastornos de salud”. Cierto.
Este enfrentamiento tiene origen en los datos recabados por la SEP, de Alonso Lujambio, que dice, por ejemplo, que de los 25.5 millones de alumnos en educación básica, casi la tercera parte tiene obesidad o sobrepeso. La SEP ha generalizado el origen del problema: culpa a los productos industrializados. Ahora quiere que se rebaje el contenido de grasas y azúcares.
La SEP reconoce que la medida afectará a la industria: “Si bien la industria alimentaria pudiera ver disminuidas sus ventas en un periodo trimestral mientras realiza lo ajustes al proceso de producción, distribución y presentación de los productos, dicha disminución será modesta, dado que la inelasticidad de la demanda de productos alimenticios es muy alta y la nivelación de ventas se realiza de forma muy rápida”.
Pero los azucareros piensan que para su industria esta ley afectaría mucho, porque su actividad “beneficia a 2.2 millones de personas directamente y a 12 millones de habitantes indirectamente, que equivalen a 11.4 por ciento de la población nacional”.
La verdad, la autoridad no es tan convincente hasta el momento. Mucha gente en el mundo consume azúcar, pero los mexicanos son los obesos. La solución a la ecuación parece estar en otro lado.


