Vida cotidiana

El costo de la autonomía

El pueblo triqui siempre ha tenido la esperanza de volver a reconstituirse y de volver a ser un pueblo con su forma de organización capaz de lograr la paz y una vida digna para sus hijos.
  • 2010-06-04•Mundo Indígena

Cuando un pueblo en nuestro país decide defender su comunidad, sus leyes, sus recursos, se enfrenta siempre con la represión. Lo que acaba de pasar en San Juan Copala, no es un problema casual: las raíces son históricas. Desde el siglo XVII, diversos documentos relatan la aniquilación de la que durante siglos ha sido objeto San Juan Copala por caciques regionales vinculados y respaldados, primero, por autoridades de la Corona española, que en 1739 legitimó el despojo de 20,000 hectáreas y, después, por las autoridades federales y nacionales, que han ido desarticulando la unidad territorial del pueblo triqui, frente a lo cual siempre ha habido resistencia (en 1832, Hilario Alonso Medina y su hermano Jacobo confrontaron a las autoridades, Hilario fue decapitado en 1839; en 1843, Dionicio Arreaga y Domingo Santiago se levantaron contra el embargo de tierras de San Juan Copala).

El pueblo triqui siempre ha tenido la esperanza de volver a reconstituirse y de volver a ser un pueblo con su forma de organización capaz de lograr la paz y una vida digna para sus hijos, y éste fue uno de los principales objetivos que los motivó a pensar en ser y a declararse un municipio autónomo. Sin embargo, esto ha sido muy difícil porque los intereses externos (caciques, partidos políticos, iglesias) se han impuesto.

El etnocidio es notorio, muchas veces no logramos entender por qué los indígenas migramos de nuestras comunidades y pueblos y tenemos que adecuarnos a nuevos estilos de vida, en condiciones muy difíciles. En el caso del pueblo triqui, nos podemos dar cuenta de que la migración es una opción que gran parte de la población ha tenido que elegir para seguir existiendo. Cuando no conocemos la historia simplemente nos extrañamos de ver a la población triqui en muchos estados de la república, especialmente mujeres, que a causa de la situación de violencia han sido víctimas, y quienes se tienen que valer de sus conocimientos sobre el arte del tejido para lograr sobrevivir con sus hijos.

La propuesta del municipio autónomo es una opción para lograr la reconstitución del pueblo triqui; sin embargo, las instituciones gubernamentales no han permitido este desarrollo, presionando a la gente a claudicar a través de la negación de servicios, situación que se recrudeció por la decisión del municipio autónomo de no participar en los comicios electorales.

Los pueblos indígenas seguirán defendiendo sus derechos fundamentales, así como se han venido defendiendo durante más de 500 años: son muchos los costos que se han pagado, pero seguimos en la utopía de que nuestros pueblos seguirán floreciendo, a pesar de todo. Es una muestra de que los caciques o quienes quieren mantener el poder a través de la intimidación hacia los triquis, se sienten agredidos o temen perder el control, por ello no permiten que la situación de injusticia quede al descubierto.

La muerte de Beatriz Cariño Trujillo y de Jyri Jaakkola, así como el previo asesinato de Felícitas Martínez y Teresa Bautista (locutoras de radio), y de muchos más que se han atrevido a denunciar la violencia, no serán en vano: son esperanza de florecimiento, la cual todos estamos llamados a seguir.

Sofía Robles Hernández