Recuerdos sobre la Revolución Mexicana en la Mixteca

A sus 102 años, Sixto Miguel relata cómo escapó del hambre y de la muerte.
  • 2010-06-04•Mundo Indígena

Sixto Miguel mantiene firme su memoria
Sixto Miguel mantiene firme su memoria Foto: Griselda Sánchez

Sixto Miguel es un hombre de las nubes, como se denomina a los ñuu savi o mixtecos. Nacido en 1908 en la región de la Mixteca Alta en Oaxaca, el hambre lo alcanzó en 1915 junto a su familia y los demás indígenas de la Mixteca y Valles Centrales, cuando una plaga de langostas devastó el campo. Las langostas, caracterizadas por su gran facilidad para migrar de un sitio a otro y, en determinadas circunstancias, reproducirse muy rápidamente, llegaron a formar plagas capaces de acabar con la vegetación de grandes extensiones de terreno.

“Y vino el hambre”, dice el abuelo Sixto, recordando ese año de 1915: no hubo suficiente maíz, frijol, ni trigo; las langostas que venían de la región del Istmo oscurecían el cielo por la cantidad de insectos que volaban sobre los campos, comiendo toda la siembra hasta dejar las ramas. Ante esta situación, los hacendados ocultaron sus cosechas para luego venderlas a precios inaccesibles para los campesinos, las enfermedades hicieron su aparición, en particular el tifo y la viruela negra; el número de muertos creció considerablemente por la carencia de las medicinas necesarias para atender a los enfermos.

El abuelo Sixto Miguel no sólo escapó del hambre (se vieron obligados a comer bellota, nopal, maguey, salvado seco, espiga de la milpa), sino también de la muerte, pues su padre falleció en medio de los enfrentamientos entre las tropas de Zapata y Carranza. Y es que los pueblos de la Mixteca Alta se dividieron: donde se encuentran las comunidades de Tilantongo y San Isidro Jaltepetongo pelearon al lado de Emiliano Zapata; los del pueblo de Magdalena Jaltepec y Tecomatlán eran carrancistas. Así se levantó Jaltepec en armas contra Tilantongo, Tecomatlán contra San Isidro Jaltepetongo.

En una de las batallas los pobladores, para resguardarse, tuvieron que mudarse temporalmente a una de las rancherías de San Isidro, sobre lo cual el abuelo Sixto Miguel recuerda: “hasta aquí llegó a parar la gente y la autoridad de Jaltepetongo, trajeron con ellos los santos, campana y ornamentos de la iglesia”. Sixto, de apenas 8 años de edad, se escondió en una barranca con su abuelita, una tía y una prima, en un lugar llamado el Cerro del Arco. Allí su abuelo los enterró con hojas, les tapó todo el cuerpo dejando sólo la cabeza para que respiraran, y así salvaron sus vidas.

Sixto Miguel cumplirá el próximo mes de marzo 103 años de edad. De memoria firme como los ahuehuetes que se mantienen a lo largo del río, cerca de donde vive, cuenta a sus más de treinta nietos la historia que permanece en la Mixteca Alta. Ha pasado un siglo, allí donde los hombres conviven con las nubes.

Griselda Sánchez