Gandayas empadronados
Salivita
Ricardo Salazar
Escena uno. 1:30 am cerca de un bar gay de Guadalajara. – Nomás que estamos cobrando 30 pesos - ¿Cobrando? Pues te los doy a la salida – No, tiene que ser por adelantado - ¿Incluye lavada? –No, nosotros no lavamos nada –Entonces ¿Qué incluye? – Nada más la cuidada – ¡Ah chingá! Y ¿si no les pago? – Pues no nos hacemos responsables – ¿Y si, sí? – Pues te puedes ir más tranquilo y divertirte a gusto – O sea que si te pago, ¿está asegurado? – No compa, pero te lo cuidamos bien – Y si no, ¿no? – No nos hacemos responsables, así que como veas… nomás te digo que por aquí andan robando mucho. – ¿Es amenaza? – Como veas – ¿O sea que el pago es a huevo? – Si no quieres que le pase nada, sí.
Escena dos. 3:00 am. Inmediaciones de otro bar en López Mateos, en territorio tapatío. – Viene, viene, tuércele más, más pá atrás, más, más… ahí está. Son 40 pesos…– Oiga pero es la calle y la calle es de todos – Pues sí compa, pero aquí nosotros tenemos exclusividad –Ah, como parte del bar – No, los vecinos nos prestan aquí para estacionar –No, pues no traigo cambio – Pues si no pagas no te puedes quedar aquí –¿No me puedo estacionar en la calle? -Si no vas a pagar muévete – Pues no pago – Pues muévete a la verga –Pues no me muevo –Te mueves o te carga la chingada.
Escenas como estas forman parte de la cotidianeidad a la que se enfrentan todos los días los automovilistas en Guadalajara, quienes por el simple hecho de traer bólido deben destinar obligatoriamente parte de sus ingresos al pago de franeleros, cuyo “trabajo” consiste en adueñarse de una parte de la calle, apartar lugares de estacionamiento con botes o cajas y echar aguas. Algunos muy osados, se erigen en agentes de tránsito y se paran a media calle a detener el tráfico con su trapo rojo para que salga el auto cuyo dueño sí pago la cuota que ya tienen perfectamente establecida. No, no puede pagar menos, ni lo que sea su voluntad, es eso, o más, si gusta. Y no, no puede no pagar, porque se atiene a las consecuencias.
La escena número uno terminó con un vidrio roto y el robo de un iPod. La número dos terminó con el conductor amagado por un fulano que lo agarró de la camisa con intención de golpearlo lo que hizo que, así por las buenas, moviera el auto a donde no fuera “exclusivo”. Esta plaguita de gandayas han hecho de la extorsión su forma de vida y son un producto orgullosamente jalisciense que ya comienza a exportarse: cobrar por nada.
Eso no es un trabajo, eso es joder a la gente. Por eso a muchos ciudadanos les dio gusto que la autoridad municipal que encabeza Aristóteles Sandoval comenzará a retirarlos, primero en la zona del mercado de Abastos, donde los dirigentes de los comerciantes tienen las sospecha de que sirven de informantes a redes delincuenciales, y luego del centro de la ciudad. La gente ya estaba harta de que se les cobrara por usar la vía pública que pertenece a todos.
Sin embargo, los representantes de la autoridad, expertos como son en cagarla, convirtieron algo popular en un hecho reprobable: para agarrar gandayas, nada mejor que mandarles a un gandaya más cabrón, y por eso a los franeleros se les echó encima a los policías más perros que no se conformaron con detenerlos, sino que les dieron su calentadita a madrazos, les rompieron las cajas y les aventaron en la cara las franelas, aún cuando ya estaban sometidos en la patrulla como bien lo documenta la foto de Chema Martínez del sábado. Eso provocó que los defensores de los derechos humanos levantaran la voz, con razón, para reprobar la brutalidad policíaca.
Con pulso de elefante se conformaron con detener a los gandayitas bajo cargos administrativos lo que los dejarán en la calle a los tres días. Pero no conformes con ello, cuando se pensaba que la estupidez pasaba a ser anécdota, el alcalde y sus huestes salieron con una batea de babas: van a hacer un padrón de franeleros. Lo que, para efectos prácticos los volverá sólo extorsionadores con gafette.
No, no están pensando en meterlos a la economía formal, no están pensando en proponerles que formen una cooperativa y darles un crédito para que pongan un negocio, mucho menos se les ofrecerá una rehabilitación a los que tengan problemas con las drogas. No, sólo se les va a empadronar para que los automovilistas sepan que el gandayita se llama Lupillo y tiene domicilio en Oblatos. Wath the fuck!
Eso le ha traído una lluvia de críticas al alcalde, al que se acusa de respaldar ilegalidades y se le pide que empadrone también a los que roban casas o autopartes, a los vendedores de chicles, a los limpiaparabrisas y hasta a los dealers. Claro que estas críticas son desproporcionadas porque en un caso se habla de faltas administrativas y en el otro de delitos, pero lo cierto es que queda claro que la ideota del munícipe y sus funcionarios es considerada idiota.
Y esto deja muy mal parado al alcalde que quiere ser gobernador, más allá de los posibles votos que perdió por parte de los gandayitas y sus familias, lo que demuestra es que ese equipazo del que se rodeó y él mismo sirven para pura… ocurrencia. Y de eso ya estábamos hasta la madre con los panistas ¿Pues no que los priistas sí sabían gobernar?, ¿No que sí tenían experiencia en gobernabilidad?, ¿No que eran la mamá de los pollitos en materia de políticas públicas?
Da tristeza ver que un gobierno comienza a derrumbarse apenas a unos meses de iniciado y que en los hechos demuestra que no hay diferencia entre los rojos y los azules, ya que los panistas también hicieron operativos de relumbrón y madrazos, persiguieron a los franeleros durante unos quince días y luego se hicieron gueyes.
Se espera que esta historia no termine igual y que el alcalde se acuerde que fue electo para aplicar la ley sin violar derechos humanos y que es su obligación diseñar e implementar políticas públicas que permitan a los marginados encontrar mejores alternativas que limosnear o extorsionar. Poner credenciales lo puede hacer cualquier idiota, lo otro no.
Grava
1.- El colmo. La oficina del ayuntamiento de Guadalajara, en Marsella y Pedro Moreno tiene su propio apartalugares. Chale.
2.- Que ya se aclaró la muerte de Rodrigo Rodríguez en Ciudad Guzmán. Según se sabe fue un conocido quien viajaba con él en su camioneta el que lo mató con una cuerda luego de discutir.
Twitter: @salazargdl


