Los últimos minutos de Mario Villanueva

La historia en breve

Ciro Gómez Leyva

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  • 2010-05-11•Al Frente

Aterricé a las 5 de la tarde del sábado”, cuenta Niza Puerto, una experimentada política quintanarroense que, desde 2007, no dejó de visitar al menos una vez a la semana en el Reclusorio Norte a su ex jefe Mario Villanueva. Lealtad, amistad a prueba de todo.

“Fue una sorpresa, por eso no estaban su esposa, hijo e hija”, relata. “Mario confiaba en el amparo que tenía. Confiamos en que no iban a poder extraditarlo tan rápido. Por eso, en el momento que yo llego al Reclusorio Norte, como a las 7, no estaban los abogados, estaba solo. Ya no estaba en su celda, estaba en otra área, desencajado. Se sorprende al verme, porque ya había pasado el horario de visita. Pero la gente que ya me conoce en el reclusorio me dio el acceso y pude llegar a él. Estaba consternado. Me comenta: ‘Soy el trofeo de la maldad, no lo puedo creer, están violando un amparo’”.

Niza calcula que se quedó dos horas con él, “en el cuartito donde lo tenían, y estuvimos platicando y tratando de alentarnos: yo a él, él a mi’”.

Corre una versión de que Villanueva negoció la extradición a cambio de que no lo regresaran a Almoloya, le digo. “Eso no es cierto”, me para en seco. “Él siempre peleó para que no se fuera. En el momento que nos despedimos, le dije: ‘Inge, mucha fuerza, que Dios lo bendiga’. Él me dice: ‘Soy inocente, Niza’. Y lo agarran dos personas y se lo llevan, y él se voltea y me dice: ‘Ya me voy, ya me están esperando, nos vemos morena, soy inocente’. No creo que ante una situación así, el ingeniero haya negociado. Eso es absolutamente falso”.

Villanueva se declaró inocente ayer en Nueva York. Puede ser sentenciado a cadena perpetua.

—Difícil que lo vuelvas a ver, Niza.

—Pero estaremos al pendiente de que, por lo menos, esté bien atendido de salud, que es lo que más nos preocupa.

gomezleyva@milenio.com