La madre en el cine mexicano
2010-05-10•Todas
Por lo general, toda historia melodramática posee un argumento sentimental, una acción violenta y personajes estereotipados como héroes, villanos y, sobre todo, el triunfo de la virtud sobre la maldad. Así, vemos estas características en los cuentos clásicos y telenovelas, pero también en gran parte del cine nacional producido a mediados del siglo pasado. Sin embargo, uno de los ejes primordiales sobre los que descansa la cinematografía mexicana es el personaje de la madre abnegada, y es que siempre está presente esa mujer que, como nadie, soporta humillaciones con tal de sacar adelante a sus hijos, y como ejemplo podemos recordar Corona de lágrimas con Marga López.
Al igual que esta actriz, otras figuras clave de ese cine que canonizaban la maternidad de manera indiscutible fueron Sara García —quien además de hacer papeles de madre se convirtió en la abuelita más querida de México— y Libertad Lamarque, quienes entablaron juntas un forzado encuentro hipermelodramático de corte materno en la inolvidable cinta Soledad.
En dicha historia, Libertad personifica a una sirvienta que se casa en secreto con su patrón, quien tiempo después le revela que todo ha sido una farsa. Ella huye pero encuentra el triunfo como cantante de tangos, mientras que Marga, la hija de ambos, la desprecia por desconocer su verdadero pasado.
MADRE POCO CONVENCIONAL
La maternidad en peligro es uno de los ingredientes centrales de Nosotros los pobres. En esta cinta, Evita Muñoz Chachita es la hija —adoptiva— y a su vez funciona como la pequeña madrecita de Pepe El Toro, ya que la verdadera madre de ésta, Carmen Montejo, y que es apodada La Tísica, ha caído en el fango de la perdición.
Y qué decir de la madre de Infante (María Gentil Arcos), una anciana paralítica y muda, molida a golpes y patadas por el villano drogadicto que encarna Miguel Inclán. En contraste, el cine mexicano también mostró la otra cara de la maternidad como sucede en Los olvidados de Buñuel. En la película Stella Inda es la madre sensual y llena de hijos que elige el sexo con El Jaibo (Roberto Cobo) antes que los deberes para con sus hijos. El mayor de ellos, interpretado por Alfonso Mejía, incluso llega a tener un sueño erótico que muestra su complejo de Edipo reprimido, cuando imagina a su madre en un camisón blanco flotando cerca de su cama.
Sin duda, otro momento sobre la crisis maternal se hace presente en Víctimas del pecado. Aquí, Ninón Sevilla interpreta a Violeta, cabaretera que recoge a un bebé, hija de una colega suya que lo abandona en un bote de basura frente al Monumento a la Revolución.
Al crecer, el niño —Ismael Pérez Poncianito— tiene que enfrentarse a los soldados que resguardan Lecumberri para llevarle a su madre encerrada en prisión, su humilde regalo del Día de las Madres. Definitivamente se trata de una de las escenas más representativas del mejor cine de culto nacional.
Asimismo, el cine mexicano reflejó en sus relatos familiares otro tipo de progenitora. Los tiempos cambiaban, tal como lo demostró Jaime Humberto Hermosillo, uno de los diseccionadores de la familia mexicana a partir de los años setenta.
Eso es evidente en cintas como Intimidades en un cuarto de baño, en la que Martha Navarro tiene un notable papel de madre castrante, en oposición a la madre sobreprotectora que permite el noviazgo gay de su vástago en Doña Herlinda y su hijo.
Los excesos pueden encontrarse en los papeles que Ana Ofelia Murguía ha presentado bajo las órdenes de Cazals y Ripstein: la suegra brutal de Los motivos de Luz y la madre arpía de Lucha Reyes en La reina de la noche.
LA FAMILIA, REFLEJADA
En los hijos ingratos, en los padres enérgicos y en las abnegadas cabecitas blancas, el melodrama encontró uno de sus caminos más andados e incluso atractivos. De hecho, el primer gran melodrama del cine nacional lo encontramos en Cuando los hijos se van.
El filme no sólo institucionalizó a Fernando Soler como el padre por excelencia del cine mexicano, y en menor medida a Sara García como la madre sufrida, sino que habría una veta inagotable de hijos conflictivos y padres que se quedan solos.
En el cine nacional, la familia es la sagrada institución que protege a sus miembros de las agresiones del mundo exterior. La familia mexicana es el universo limpio y honesto; numerosa, católica y temerosa de Dios, faltaba más.
La sexualidad es cosa de almas inutilizadas, inimaginable para las hijas y las madres, quienes sencillamente la desconocen. Ahí, obviamente que el adulterio es inimaginable, así como la desobediencia: si una hija elige al hombre que ama sin el consentimiento paterno, se le maldice para toda la vida, como le sucede a Martha Roth en la espléndida cinta Una familia de tantas, de Alejandro Galindo.
En Una familia de tantas la hija se va a desintegrar como ocurre en Cuando los hijos se van; sin embargo, Galindo no conduele con ello. Por el contrario, advierte que esa familia no debe continuar unida a causa al autoritarismo del jefe de familia y sus estrictas costumbres. A su vez, percibe los cambios sociales, impuestos por el efervescente alemanismo, representado en el dinámico vendedor de “modernidad” que encarna magistralmente David Silva.
RIVALIDAD ENTRE PADRES E HIJOS
Ningún hogar debe ser embargado el 10 de mayo, ya que resulta algo bastante dramático, tal como lo muestra Cuando los hijos se van en la escena en la que llegan unos tipos para cargar con el radio que transmite la canción que Emilio Tuero le dedica su mamacita en su día.
Con lecciones como ésa, la hija casadera Marga López se queda solterona, añorando los azahares para su boda, al decidir acatar la orden de papá Soler, quien se niega rotundamente a que su hija se case con un hombre de ideas socialistas.
Por último, cabe destacar el discurso de la fiesta de 15 años en Una familia de tantas, que representa el espíritu de todo buen melodrama nacional: la evocación de “esos días de candor e inocencia”; esa idea de llevar a la quinceañera “hasta los umbrales de la pubertad buena y pura, pudorosa y cristiana, obediente y respetuosa”.
Esa celebración, sin duda una de las experiencias más masoquistas de la mujer, es el tema mismo de Quinceañera, que tiene una fuerte dosis melodramática, adecuado a sus diferentes estratos sociales. Melodrama, familia y bendiciones maternas son el eje que movió la producción fílmica mexicana. Claro que las cosas ya no son iguales, pues las nuevas películas plantean no lo bueno de la sociedad, sino que suelen destacar la desintegración familiar, violencia y promiscuidad, entre otras cosas.
QUERIDA
La abuelita de México
Para 1917, Sara García (1895-1980) era ya la protagonista de un filme mudo titulado La soñadora. Sin embargo, no fue sino hasta 1933, con El pulpo humano, cuando la actriz se convirtió en la madre de todos mexicanos y más tarde en la abuelita prototípica del cine nacional.
Ella declaró haber filmado cerca de 300 películas entre melodramas y comedias, donde le dio vuelo a la hilacha a su vocación maternal al lado de otras madres abnegadas como Matilde Palou, Prudencia Griffel, así como Libertad Lamarque y Marga López.
En Los tres García y Vuelven los García es la abuela valiente. En Las señoritas Vivanco y su secuela, encarna de nuevo a la abuela maternal al lado de Griffel, no obstante, donde rompe con su estereotipo es en Mecánica nacional y en el episodio Caridad de fe, esperanza y calidad.
En el primer filme es la abuela malhablada que no sabe de cordura y buena educación al tener que expresarse; en el segundo es una anciana ricachona que provoca una tragedia con sus obras “de buena fe”. Sus mejores parejas fueron Fernando Soler y Joaquín Pardavé en ese cine melodramático y gracioso.
EL PAPEL DE LA MADRE EN EL CINE MEXICANO
Características:
Habla a sus hijos con rodeos.
Sufrimiento de madre.
Preservadora de lo moral.
Buena, abnegada, inteligente y virtuosa.






