Dealers que no me maten
Cuando el paseo se convierte en una pieza de museo
2010-03-14•Fin de Semana online
¿Está harto de los bien contorneados discursos sobre los beneficios del uso de la bicicleta y sus coreografías políticas? Yo también. Sobre todo porque me parece innecesario justificar mi gusto por los pedales, a expensas de dos llantas y una estructura de metal. Hago esto todos los días sin ninguna bandera más que la de mi beneficio. Así, predispuesta, decidí ir a una exposición de estos artefactos que han marcado nuestro espíritu (y nuestras rodillas) desde finales del XIX.
Sueños sobre ruedas no es sólo un lugar común, sino también una muestra de bicicletas danesas montada por el Museo de la Ciudad de México y la embajada de Dinamarca en México, en donde permanecerá hasta el 22 de marzo.
Si bien la oferta que no es arquetípica ni mucho menos extensa, cada una de los diez ejemplares se yergue como opción para diferentes necesidades. ¿Padece usted de la espalada? Entonces tal vez la Amagertov con un cuadro que me parecía altísimo (a mí me llegaba a la altura de la cara; mido 152 centímetros) para evitar cualquier flexión que castigue los lumbares. ¿Tiene usted niños? Hay una Chistianina con un cómodo compartimiento que, además, soporta 100 kilogramos de carga. ¿Usa falda, tacones y Chanel? Pare el tráfico con estilo, montado en una Velorbis Victoria. ¿Tiene fijaciones con “Yellow Submarine”? Si ésa es su situación, definitivamente la Amagerstrad es para usted: una cabina de metal cuyo soporte son tres llantas, con parabrisas y de color… bueno, ya se dijo antes. No empuje, hay para todos. Bueno, al menos las hay en Dinamarca.
En una de las cabinas de la exposición se puede leer: “La bicicleta, la bicicleta en lo absoluto, debe de ser siempre el vehículo de novelistas y poetas”, a decir del narrador, ensayista y poeta estadunidense de la primera mitad del siglo XX, Christopher Morley. La sentencia que proclama mi más reciente adquisición de Wikipedia me parece algo sectaria, excluyente y elitista si tomamos en cuenta que la muestra va dirigida al público en general y no a afanosos escribientes. Pero creo entender un poco la posición de su autor: a veces, el recorrido sobre esta victoria sagital de nuestro equilibrio sobre ruedas ejerce en el ser humano un deleite por compartir. ¿Y qué es entonces la literatura sin esa interacción?
Lejos de tratarse de una exposición para los ilustrados en medios de transporte alternativo y políticos fanfarrones que gustan de pedalear junto con los príncipes daneses Joachim Holger Waldemar Christian y Marie Agathe Odile Cavallier; este lugar puede resultar un agradable vistazo al paseo convertido en una pieza de museo.
Para los geeks de la bici, aquí les dejo un link en el que seguramente encontrarán todo un coctel para su apetito feroz: http://www.copenhagenize.com/
Bueno, en ese enlace también hay ropa y diseño para los que –como yo– solamente disfrutan pedalear entre un exceso y otro.
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