Tienen nombre y apellido, Alejandro: ¡pónganselos!
La historia en breve
Ciro Gómez Leyva
Nunca había escuchado en ese tono a Alejandro Martí. Ni después del asesinato de su hijo Fernando, ni cuando el “si no pueden, renuncien”.
Hablé con él poco después de que su organización, SOS, anunciara, junto con 36 grupos, que apoya cuatro puntos de la reforma política: reelección, iniciativa ciudadana, candidaturas ciudadanas y reducción del tamaño del Congreso. Y que, además, exigirá que se reduzca el financiamiento a los partidos políticos.
Algunas frases de Alejandro: “Tenemos un sistema político que no conduce a nada, que nos tiene en el estancamiento en todas las cosas sustantivas”. “Es un sistema político que genera impunidad”. “¡Ya estamos hartos de ellos!”. “La partidocracia nos tiene enfermos”. “Si a alguien se le ocurre una buena idea para mejorar al país, lo boicotean de inmediato”. “No hay nadie en México que diga ‘qué maquinaria gubernamental tenemos, qué legisladores tan ligados a la ciudadanía’”. “Aquí parece que cambiar a la modernidad es un crimen”. “Son políticos que secuestran las decisiones”.
Que sepan que ya los estamos observando, concluyó.
Le dije, citando a Carlos Marín, que quien generaliza, absuelve. Que acusar a “los políticos”, “los legisladores”, es no acusar a nadie. “Pónganles nombre, Alejandro”, concluí, “porque cada político, cada legislador, tiene nombre y apellido”.
Mientras conversaba con Martí, Beatriz Paredes tomaba la tribuna de San Lázaro para razonar el pacto antialianzas y, sobre todo, para practicarse un autoelogio: “Yo tengo la conciencia tranquila”, decía la diputada y presidenta del PRI. “¡Engrandezcamos el debate! ¡Prestigiemos la política!”.
Ahí tienes un nombre, Alejandro.


