Los del No, la nada y Carlota
Autonomía relativa
Juan Ignacio Zavala
El famoso desplegado del No ha generado comentarios de diversos políticos y opinadores. Desde aquellos que señalan a los abajofirmantes porque alguna vez en su vida también dijeron No a alguna propuesta, hasta quienes les parece que no es bueno aprobar algo que viene del Presidente. Eso en lo relativo a los cuestionamientos. En el otro lado, en las redes sociales, Facebook y otras, es creciente la adhesión a lo formulado en el texto. Esos apoyos van desde los que desmenuzan los beneficios políticos de la propuesta hasta quienes, de manera genuina, quieren simplemente que algo se mueva en este país, que aparezca un Sí, hartos de ver pasar el No en la escena.
No es del todo descartable el aspecto del ánimo. Un país que quiere crecer, modernizarse, verse en competencia con los demás, necesita de gente que esté debidamente motivada para sentirse a tono con los retos. Se puede alegar que la reforma política tiene, como lo señala el desplegado, aspectos que pueden mejorarse. Pues que se mejoren, que se debatan, que se modifiquen, pero que no se queden truncas las ganas de tantos. En estos días de turbulencia política, bien podrían los partidos dar muestras de que los consensos son posibles y que los acuerdos pueden hacer más que las diferencias. Si ya son más de 13 años de inmovilismo, a los que hay que sumarles una herencia de tantos años de gobierno monolítico, estamos ante un cambio de actitud, un cambio cultural en nuestra vida pública.
Y es que, en efecto, nuestra inmovilidad, nuestra manera de darle vuelta al futuro es también histórica. Carlota de Bélgica, esposa de Maximiliano, comentaba en una de sus cartas lo siguiente: Creo que no nos faltan ni energía ni perseverancia, pero me pregunto si habrá alguna humana posibilidad de salir de las dificultades, si éstas siguen aumentando en esa forma. Durante los primeros seis meses, a todo el mundo le parecía encantador el nuevo gobierno, pero tocad alguna cosa, poned manos a la obra, y se os maldecirá. Es la nada que no quiere ser destronada. Vuestra majestad creería quizá, como yo, que la nada es una sustancia manejable, pero en este país al contrario, se tropieza uno con ella a cada paso y es granito, es más poderosa que el espíritu humano y solamente Dios podría doblegarla. Fue menos difícil erigir las pirámides de Egipto que vencer la nada mexicana.
Parece increíble que en materia política hayamos entrado de nuevo en esa nada, más de 150 años después de que se escribiera esa carta. Son los legisladores los que nos pueden sacar de esa situación, por eso se les hizo un llamamiento público a salir de este círculo vicioso, esta negativa circular que degrada la política y paraliza al país. Es la decisión de legisladores y legisladoras la que construye el puente del No al Sí. No está de más recordar que Carlota murió loca.


