Las otras demandas femeninas
2010-03-08•Qrr
Por un inodoro seco
Desde tiempos inmemoriales las mujeres se han tenido que enfrentar la desagradable sorpresa de sentarse en el excusado y sentir, con espanto, cómo se humedecen sus nachas debido a que el anterior usuario (llámese marido, hijo, nieto, amigo) no levantó la tapa y charpeó todo como lluvia de verano. Por eso, exigimos que se instale un sistema en los baños que se active cuando un caballero de la taza redonda deje abajo el asiento, y le lance un chorro de agua directo al nalgatorio, para que sienta lo que una, a ver si así se le quita la maña. Si no es así, pedimos que mientras orina haciendo charco, salga una réplica de Elba Esther Gordillo del inodoro y lo regañe por cochino.
Por un asiento en el Metro
Es cierto que la igualdad entre ambos sexos nos ha llevado a dejar de disfrutar de la caballerosidad, pues los hombres piensan que no deben ser corteses dado que las mujeres quieren ser autosuficientes (y algunas chicas ya no desean ser tratadas con “cortesías anticuadas”). Pero es inexplicable que cuando van en el Metro, ocupando el asiento único, y se les planta enfrente una mujer embarazada con tremenda panza de siete meses más cara de “me están matando el peso, las várices, las hemorroides, las pataditas y las náuseas”, sigan sentadotes, se miren las uñas, haga de todo (hasta verle las tetas a la futura mamá) pero no le cedan el asiento. Por ello, exigimos un sistema que se active cuando perciba una panza tamaño embarazo, y si no registra que su propietaria se sienta y localiza testosterona en el asiento reservado para ellas, entonces lance toques a la altura de los testículos. Pero cuidado si un día se sube don Carstens al vagón. Entonces sí, ¡todos de pie!
Por una píldora masculina
La pastilla anticonceptiva fue un gran logro para la humanidad y principalmente para las mujeres, ya que les permitió gozar de una mejor sexualidad, desligándola del mero acto reproductivo. Pero ya han pasado muchos años y no se ha encontrado un método semejante que puedan usar ellos, compartiendo así los aspectos poco prácticos o negativos de los anticonceptivos. Así que las esposas de los investigadores de farmacéuticas tendrían que apoyar al “gremio” y decirle a sus compañeros que deberán usar preservativo todas las veces que tengan encuentros eróticos, a menos que descubran un método masculino. Ellas deberán hacer oídos sordos a las frases quejumbrosas del tipo “es que con condón no siento nada”, “será sólo la puntita”, “verás que me salgo antes”, “si no va a haber penetración”, y no ceder hasta que no les quede otra que ponerse a investigar en serio.
Por que les funcione la brújula
¿Cuál será el motivo por el que siempre que ellos buscan algo en la casa (por ejemplo las tijeras, unos calcetines en particular, las llaves de repuesto, medicinas) nunca lo encuentran? Por más que se les explica dónde está, de qué lado, a qué altura, junto a qué otra cosa, no lo encuentran y una termina dejando lo que está haciendo para, en 30 segundos, entregarles el objetivo “perdido”. Tendrían que anotar en un cuaderno las coordenadas de cada objeto para, brújula en mano, encontrarlas fácilmente. Si a pesar de ello no hallan algo, las féminas deberán evitar a toda costa entregárselo, aunque ello implique que vayan a trabajar con calcetines de diferente color.
Por la extinción de los golpeadores
Todo hombre que sea delatado o sorprendido golpeando a su mujer deberá pasar un fin de semana en compañía de Soraya Jiménez, Iridia Salazar, Lorena Ochoa (con todo y palos de golf), Paquita la del Barrio, La Chupitos, Carmelita Salinas y Alejandra Bogue, quienes pondrán a prueba la paciencia masculina. Cada vez que falle, podrán intimidarlo. No golpearlo, porque sería ponerse a su altura, pero si exigirle que masajee los pies de todas, una por una, mientras las otras revisan la labor con cara de pocos amigos. Si es un violento duro de controlar se podrá pedir refuerzo internacional a una Margaret Thatcher recuperada, Ángela Merkel y Angelina Jolie.






