La mentira

300 Palabras

Gabriel Pérez

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  • 2010-03-03•Acentos

En la historia de la humanidad, hay dos anécdotas crueles que terminaron en sangrientas matanzas, pero que se usan recurrentemente para ilustrar las teorías de manipulación de masas.

Una es, tristemente, muy mexicana y casi todos se la saben: cuando Hernán Cortés llegó a México, el emperador Moctezuma II creyó que se trataba del mismísimo Dios Quetzalcoátl, el desterrado del Tollán, que había regresado a su tierra. Para honrar la llegada del español, el tlatoani azteca le envió un cargamento de oro y plata, como ofrenda. En reciprocidad, en un encuentro posterior, Cortés le regaló al rey unos espejitos.

El resto son 500 años de opresión e injusticias a los pueblos indígenas de nuestro país.

La otra anécdota es aquella que reza que Joseph Goebbels, ministro de propaganda de la Alemania Nazi pontificaba: “Una mentira repetida mil veces, se convierte en verdad”.

Hidalgo está sufriendo de manera edulcorada, claro, las teorías goebbelianas.

Xóchitl Gálvez, la precandidata de la derecha que cuando se necesita es indígena, cuando se requiere es empresaria, cuando no demócrata, otras veces comunicóloga, otras ingeniera, otras cruzazulina del pueblo, pero que nunca define una postura, lo que le permite navegar como si fuera todo, sin ser nada, ha esparcido una mentira que ya se convirtió en verdad, al menos en la mente de sus seguidores.

Pero es una mentira dañina, triste, innoble. Una mentira arrogante, que encierra una profunda y peligrosa ignorancia. Una mentira que delata su origen populista, de derecha, al más puro estilo de ese fracaso ambulante que se hace llamar presidente cuando nunca lo fue: Vicente Fox.

En la página de Facebook de la ex Comisionada para los Pueblos Indígenas que menos dinero le envió al estado de Hidalgo porque, claro, ya estaba en campaña, aparecen comentarios de sus seguidores, que delatan que esta mentira, ya “pegó”.

“El hambre y el atraso que vive ahora Hidalgo, no se convate(sic) con infraestructura ostentosa, sino con trabajo, vision (sic), y oportunidades. Por eso hay que unirse a un proyecto que sea de todos, para rescatar a nuestro estado de las ratas que lo han estado saqueando por tanto tiempo, espero y no me equivoque pero creo que Xóchitl es la mejor opción (sic)...”, le dice una seguidora.

“Creo que Xóchitl es la mejor opción para nuestro futuro gobernador, porque en un estado donde la mayor parte de su población es indígena, nadie mejor que ella para poder gobernar. Antes que tener mucha infraestructura se necesita educación, salud, calidad de vida y oportunidades de trabajo para nuestra gente, mas aquellos lugares olvidados en el norte del estado. Yo confió en Xóchitl, que lo logrará, que no serán palabras al viento sino acciones y realidades, porque solo así se cambia la penosa situación de este hermoso estado”, asegura otro.

El equipo de la abanderada del PAN esparció la versión de que Hidalgo no necesita más inversión en infraestructura. Que se ha gastado mucho y mal en los gobiernos priistas y que es con proyectos de desarrollo regional, comunitario y con la introducción de nuevas tecnologías como se va a sacar del subdesarrollo a uno de los más pobres estados del país.

Esto es, claro, pura propaganda que busca desactivar uno de los mayores capitales del actual gobierno, priista, en la entidad.

Miguel Osorio Chong se ha caracterizado por ser un gobernador que ha impulsado la construcción de carreteras, hospitales, centros de salud y demás infraestructura en Hidalgo.

Los números no mienten. Las aportaciones federales se multiplicaron a lo largo de los últimos cinco años. El propio gobernador, en corto, afirma que él aprendió, en los vericuetos de la grilla legislativa, a pelear por recursos y atraer inversiones para su estado.

Pero los seguidores de a quien ya le dicen “Gobernadora” aseguran que eso no es necesario. Que más carreteras, cableado, drenaje, agua, hospitales, equipamiento de escuelas y aulas, no son necesarios.

Que la onda es poner microempresas que produzcan playeras.

Y quizás, Xóchitl y sus seguidores tienen razón. La mentira consiste en decir que no se necesita más de todo lo anterior. Porque para llegar a esas zonas donde se planea producir todo ese maravilloso progreso y, de hecho, para producirlo, se necesitan carreteras, agua, luz, drenaje y escuelas.

Cuando Vicente Fox sacó al PRI de Los Pinos en 2000, prometió y prometió y prometió. Y no cumplió. Luego, comprometió la viabilidad de la democracia mexicana al poner al aparato del Estado mexicano a disposición de su intestino. Desde el Estado, intentó acabar con la carrera política de Andrés Manuel López Obrador, repitiendo insistentemente una mentira: Es un peligro para México. Mentira que metió a Calderón a San Lázaro, por la puerta trasera y con calzador, gracias al PRI.

Hoy, Calderón, Fox y Xóchitl olvidan y tratan de hacernos olvidar su pasado, repitiendo la misma mentira de hace 10 años: hay que sacar al PRI de Plaza Juárez y el desarrollo llegará de la mano de las oportunidades -el discurso más capitalista posible- que conlleva la democracia.

Le apuestan al olvido, la desmemoria, la mentira. Le apuestan a la esperanza de los mexicanos, a quienes ya gobernaron 10 años y los sumieron en la peor crisis de su historia. ¡Qué poca!

gabriel.perez@milenio.com