La década perdida de la política mexicana

Día con día

Héctor Aguilar Camín

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  • 2010-02-10•Al Frente

La generación del fracaso, les llama Ciro Gómez Leyva en estas páginas cada vez que logran echar abajo alguna idea prometedora de cambio.

La generación del No, los ha bautizado ahora Federico Reyes Heroles en un inspirado alegato contra la camada de políticos mexicanos que no ha sabido compartir la construcción de un país mejor.

¿Qué historias les contarán a sus hijos o nietos?, pregunta Reyes Heroles. Después de haber sido diputados y senadores y diputados de nuevo, toda una trayectoria legislativa al amparo de las dietas y complementos generosos pagados por los causantes mexicanos, algo tendrán de qué vanagloriarse.

¿Cuál será la medalla más valiosa, esa que atesoren en un rincón? Me opuse a la reforma energética de Zedillo, me opuse a la reforma fiscal de Fox en sus dos vueltas y también a las de Calderón y al decálogo político. Gracias a personas como nosotros se puede explicar todo lo que no ha ocurrido en el país. Pertenezco a la Generación del NO.

Se oponen no sólo a los cambios que podrían transformar el país, sino a discutirlos siquiera. Le niegan a su sociedad no sólo las transformaciones requeridas sino hasta el debate de lo fundamental, porque no sólo están de acuerdo en impedir los cambios, sino que no quieren tampoco decirlo con claridad, pintar su raya, pagar los costos de su negativa.

Sigue Federico:

La Generación del NO tiene un proyecto muy claro, demostrar todo lo que se le puede negar a un país. No a un sistema fiscal omnicomprensivo y progresivo, no a la capitalización y modernización del sector energético y, sobre todo, no a la profesionalización del Legislativo, porque si ello llegara a ocurrir se demostraría el doloroso tiempo que México ha perdido gracias a la Generación del NO.

Debe ser muy incómodo estar en su posición porque la única forma de mantener la fachada es seguir impidiendo los cambios. Imaginemos que se hubiera abierto el sector energético hace 13 años, hoy México podría competir con los grandes. Imaginemos que alguna de las varias reformas fiscales hubiera progresado, hoy nuestra recaudación sería superior al penoso 10% del PIB, si hubiéramos podido invertir más en educación superior o en infraestructura o en ciencia y tecnología alguna cosecha habría. Pero la Generación del NO ha acabado con los referentes de éxito, ése será su legado.

La generación del fracaso. La generación del No. La década perdida de la política mexicana: la primera década de nuestra democracia.

acamin@milenio.com