Para recuperar empleos no bastará el rebote

El Observador

Samuel García

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  • 2010-02-09•Negocios

El mayor reto que impondrá la crisis económica global a los gobiernos y a sus economías, una vez superada la emergencia, es revertir la brutal destrucción de empleos que dejó a su paso en el mundo, especialmente en Estados Unidos y en los países europeos.

En América Latina la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha estimado que a finales de 2009 la tasa de desempleo en la región fue de 8.4%, lo que significó que 18.1 millones de personas se encuentren en el desempleo abierto y que de éstas 2.2 millones habrían perdido el empleo en 2009 como resultado de la caída de 1.8% en el PIB regional.

Si bien esta caída significa un retroceso —después de cinco años de incrementos sucesivos en la creación de empleos en la región por la buena marcha de la mayor parte de las economías—, lo cierto es que la destrucción de trabajos en América Latina desde finales de 2008 y durante 2009 no corresponde a la virulencia con que la crisis global azotó las economías y a las labores en otras latitudes.

México fue la economía más afectada de la región por su alta dependencia de la manufactura estadunidense, que se desplomó en el primer semestre de 2009, provocándole una caída estimada de 6.5% en el PIB de 2009. Sin embargo, y a pesar de la magnitud de la caída en la economía, la destrucción de empleos permanentes en el país fue menor a lo que nos hubiéramos imaginado. Incluso la OIT reconoce que el impacto de la crisis sobre el desempleo en México fue menor a lo esperado.

Ayer el IMSS dio a conocer que a enero pasado los empleos totales fueron 13 millones 916 mil 807, lo que significa una caída de 17 mil 623 empleos respecto a enero de 2009. Sin embargo, la cifra que mejor ilustra la destrucción de trabajos formales en el país producto de la crisis es la pérdida de 559 mil 27 empleos formales que resulta de comparar la cifra reciente de enero con la que había en octubre de 2008, cuando el nivel de ocupación alcanzó su máxima expansión.

Claro está que las cifras del empleo tienen que ser entendidas bajo el contexto de que economías latinoamericanas como la nuestra tienen un sector informal enorme que, en épocas de crisis como ésta, se convierte en una esponja gigante que absorbe a los expulsados de la economía formal y les provee de una ocupación temporal de baja calidad y con ingresos variables, y que mitigan las tasas de desocupación que registran las cifras oficiales. La mejor muestra de esa precariedad en el empleo formal en nuestro país son precisamente los casi 14 millones de empleos asegurados al IMSS, que representa apenas una fracción del universo de mexicanos que tienen ocupación e
ingreso.

Como era de suponer, la crisis económica implicó un retroceso en materia de ocupación formal en América Latina y en México, aunque no en las dimensiones que se esperaban. La incipiente y endeble recuperación de este año va a levantar algunos empleos perdidos, pero no los suficientes para saldar la destrucción que hubo desde que estalló la crisis, ni mucho menos la calidad de trabajos que se requiere. Para ello la recuperación inercial no bastará. Habrá que impulsarla con políticas deliberadas de fomento especialmente dirigidas a la pequeña y mediana empresas de sectores estratégicos.

samuelgarcia2010@hotmail.com