Crónica:

La vida cambió en Antonio Caso

Con el decreto de extinción de Luz y Fuerza, las ventas bajaron y la economía del comercio ilegal y establecido se alteró.
  • 2010-02-09•Política

Foto: René Soto

Luego de ser el escenario de mítines, concentraciones o elecciones sindicales, que con el paso de los años la llevaron a ser prácticamente una vía destinada para el uso del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), la calle de Antonio Caso, sus comercios y transeúntes atraviesan por los inconvenientes derivados de la extinción de Luz y Fuerza del Centro (LFC).

Por décadas, los trabajadores electricistas fijaban alguno de los locales ubicados en la calle como punto de encuentro, y al menos, dos veces al año cerraban el paso para llevar a cabo elecciones o las labores de la revisión contractual.

La pasarela de grupos de jubilados y de numerosos “aspirantes” que se mantenían afuera de la sede sindical hasta ocho horas diarias en espera de una oportunidad laboral en la desaparecida LFC, llevó poco a poco al establecimiento de diversos comercios que iban desde la venta de bebidas alcohólicas, hasta las tradicionales “comidas corridas”.

A raíz de la publicación del decreto presidencial, en el cual se hizo oficial la extinción de una empresa que daba empleo a más de 44 mil trabajadores, la vida cambió en Antonio Caso, las filas en las taquerías disminuyeron, la lista de espera en los comedores desapareció y los comerciantes tienen la esperanza de que en algún momento las ventas repunten.

Meseros, encargados, administradores y taqueros coinciden en que después del 11 de octubre, fecha de la publicación en el Diario Oficial de la Federación (DOF), las ventas se desplomaron en 50 por ciento.

Araceli Bistraín, cocinera y encargada de la cocina económica “El Jarochito III”, asegura que los ingresos en el establecimiento cayeron en 60 por ciento, y “ahora si vienen a comer, ya ni propina dejan, además de que ahora te dicen que son del SME como para que les cobres menos o les sirvas más”.

Sin embargo, para Aldo García, mesero de La Chabela, cantina ubicada frente a la sede sindical, las ventas no variaron mucho, “prácticamente seguimos vendiendo lo mismo”.

Así asegura que atender a los electricistas durante los últimos tres años ha logrado establecer una buena amistad con algunos, “pues son gente tranquila, que viene a comer con una cerveza y se regresan a su sindicato”.

Los trabajadores y comerciantes de Antonio Caso advierten que extrañarán será el cierre de la calle durante las elecciones internas del SME, pues durante esas semanas las ventas se duplicaban ya que los agremiados pasaban todo el día haciendo proselitismo afuera del sindicato, consumiendo, conviviendo y sobre todo, gastando.

“En esos días vendíamos mucho más, desde que llegábamos ya estaba la gente del Sindicato Mexicano de Electricistas esperando, y teníamos que apurarnos a prender parrillas para atenderlos”, asegura Rodrigo Guerrero, encargado de la taquería El Progreso.

Al cierre del día, Aracelí Beristaín remueve el letrero donde se exhibe el menú del día y en el que aparte del precio se lee. “Sé feliz hoy”; suspira y lamenta: “Pensamos que es difícil que esto se componga o que puedan regresar a su trabajo, pero ellos siguen en su lucha”.

Mariana Otero-Briz