Error de El Palacio
Cubículo Estratégico
Carlos Mota
La Navidad pasada compré ocho regalos en El Palacio de Hierro. Por cada regalo las dependientas me dieron una bolsa de plástico. Utilicé las bolsas a lo sumo una hora y media, lo que duró mi recorrido, porque acudí al cubículo de envoltura de regalos, donde les pusieron otro empaque. Las ocho bolsas, arrugadas y con agujeros por las grapas, fueron a dar a la basura.
Al parecer los más altos valores con los que se está moviendo el mundo corporativo aún no entran a la batería de estrategias de El Palacio de Hierro. Ése parece ser el caso de las bolsas de plástico nada sustentables.
Pero el mundo entero va hacia una dirección con más fundamento en principios y valores, como la sustentabilidad. Por ejemplo, un nuevo concepto, moda sustentable, está emergiendo en la industria de la moda. Gucci lo proclama con la reutilización de sus productos, lo que promueve activamente; Óscar de la Renta ha empezado a hablar de “técnicas tradicionales”. La ONU ya respalda el concepto y en Londres habrá una feria de moda ecosustentable, según reporta un diario británico.
Los valores son algo confuso. Lo que para una sociedad es aceptado, para otra genera rechazo. No obstante, es razonablemente atinado decir que El Palacio de Hierro no está liderando el cultivo de los más altos valores de nuestra sociedad.
Considérese por ejemplo su nueva frase mercadológica, que ya se lee por doquier: “Dime cuántos quilates me quieres”. ¡Uf! Craso error. No dudo que alguien mida su amor en esas unidades, pero me parece que la sociedad mexicana estaría al punto de superar el vínculo artificial entre sentimientos emocionales de esa naturaleza y bienes materiales expresados en quilates.
Cierto. Se trata únicamente de un eslogan que no afirma explícitamente que el amor vale quilates. No obstante, si El Palacio ha de poner el ejemplo —como suele hacerlo—, habría mejor de mirar lo que en el mundo es tendencia, para hacer buenos negocios respetando al mismo tiempo los valores. No me imagino a los miembros de la familia Baillères aquilatando en joyas el amor a sus seres queridos. ¿Por qué entonces quienes consumimos en sus tiendas habríamos de responder a ese equívoco estímulo mercadológico? Walk your talk.


