La brecha entre políticos y pueblo

ÁGORA

Alejandro Salas

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  • 2010-02-09•Política

Mientras los políticos, sobre todos los que aún no han sido destapados ya no concilian el sueño y están ansiosos por lanzarse al ruedo para hacer sus precampañas y luego sus campañas de acuerdo a sus posibilidades, la ciudadanía está apática y no muestra interés alguno por el proceso electoral que se avecina.

Y es que, todo indica que los actores políticos tienen un lenguaje y los gobernados otro.

A ellos los mueve el poder, mientras que el pueblo está más preocupado por cuestiones básicas como son la adquisición de la canasta básica, costear los gastos de las escuelas de sus hijos, la simple movilidad cotidiana y cuidar su integridad física, como para prestarle atención a las ansias de priistas, panistas, perredistas, verdes, naranjas y todos los demás.

Los microempresarios y pequeños comerciantes hacen malabarismos para enfrentar las cargas tributarias y todos los gastos de su planta productiva, y sólo esperan salir adelante y que ya no se generen más impuestos.

Quizás eso los podría, o mejor dicho los debería de unir. Unos podrían demandar y los otros escuchar y proponer.

La gente necesita escuchar más allá de las frases huecas propuestas aterrizadas, sensatas y compromisos reales.

La sociedad ya no quiere los discursos de siempre ni las promesas incumplidas.

Cualquier sondeo doméstico en el barrio, en la peluquería, en las calles del centro, en los barrios arroja más que un desencanto un hartazgo de la sociedad ante la oferta que vienen proponiendo los partidos políticos. Por ello el abstencionismo avanza cada vez más, y el voto nulo empieza a fortalecerse.

Sí lo políticos quisieran hacer una agenda para satisfacer al electorado, sólo tiene que hablar con las amas de casa, que hoy tienen que hacer milagros con el salario mínimo.

Tendrán que ser sensibles con los padres de familia, con los jóvenes que carecen, unos de oportunidad de estudio y otros de trabajo. Deberán estar conscientes del monto de las pensiones de los obreros jubilados, de las tarifas de energía eléctrica, del agua, del teléfono.

Es decir, tendría que bajar al mundo de los mortales, ser empático, aunque sea por cultura general.