Paso del norte

Cancionero

Félix Cortés Camarillo

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  • 2010-02-09•Política

Los resultados de la encuesta de María de las Heras sobre la situación en Chihuahua son aterradores no solamente por la contundencia de las respuestas, sino principalmente porque destilan una desesperanza contagiosa. Más de 70 por ciento de la muestra, constituida por adultos que viven en Chihuahua, considera que la causa principal del desasosiego que les tiene sitiados es que el gobierno no sabe cómo controlar a los narcos y el asunto se le está yendo de las manos. Más de la mitad reconoce que han tenido que cambiar mucho su manera de vivir porque hay cosas que ya no se pueden hacer.

Es fácil inferir cuáles son esas cosas que no se pueden hacer: se reducen a vivir en paz, con seguridad y tranquilidad. Los chihuahuenses han perdido su libertad y se encuentran cautivos en sus propias casas, en su propio estado. Siete de cada diez cree que la matanza de jóvenes en Ciudad Juárez es un fenómeno que está a la vuelta de la esquina, que se puede repetir en cualquier momento.

El documento no lo revela, pero es obvio que los encuestados no quieren irse de sus casas, de su tierra, huyendo del terror. Eso solamente lo pueden hacer los integrantes del gobierno del estado, mudándose a la ciudad fronteriza, como si esto pudiera otorgar alguna garantía ciudadana de manera inmediata. Parecería permear la certeza de que, como los caracoles, hemos de cargar con nuestra propia casa, nuestro destino, al lugar donde fuéremos

Es simplemente cruel, en el contexto de la pugna por el poder político que habrá de renovarse este año, que exista la pretensión de politizar una situación de desgracia que solamente es espejo del desaseo con el que se ha manejado la crisis de gobernabilidad que a nivel federal y de los estados se pretende ocultar y desconocer. Precisamente ahí reside la gravedad de este asunto: la indisposición oficial a admitir un estado de excepción, cuya proclamación pide el 51 por ciento de los preguntados.

Se entiende que la plaza de Ciudad Juárez tenga un particular peso logístico para los operadores del tráfico de drogas y de violencia: es el paso del norte por excelencia, lugar de confluencia de tres estados e inicio de la línea fronteriza más porosa aún que el río Bravo. Precisamente por ello, ¿no debiera merecer un peso logístico igual por parte de la autoridad?

La presencia del secretario de Gobernación, así esté animada de la mejor fe posible, no aportará mejoría alguna, como tampoco lo haría la liberación de millonarios de recursos. Se necesita algo más que buenos deseos y billetes para afrontar este asunto. Se requiere realismo.

felix.cortes@multimedios.com