En el tono del Tona
Pedro Infante murió
2010-02-09•El Ángel Exterminador
Cuando estudié en el Colegio de Ciencias y Humanidades, tomé la materia de psicología. En una clase, nuestro maestro nos dijo: “Una relación sexual normal es aquella donde se introduce el falo en la vagina y hay eyaculación, cualquier acto que se aparte de esto es una perversión”. Yo levanté la mano y pregunté: “Maestro, y si para conseguir el orgasmo se requiere que los participantes estén disfrazados de pollos y escuchen discos de flamenco, ¿es una relación normal, o una perversión?”.
Ahora sé que toda relación sexual es normal, siempre y cuando sea consensuada; por ello, las bodas gay son mil veces más decentes que las bodas arregladas con fines económicos.
El argumento de Felipe Calderón para echar por delante a la PGR, impugnando las bodas entre personas del mismo sexo, es: “No lo digo por homófobo, sino porque la Constitución dice que las bodas en México deben ser entre hombre y mujer”. Independientemente de que eso es falso, la excusa es tan infantil que hasta mi hijo de tres meses de edad se caga de la risa. En MILENIO Diario del 4 de febrero se documentó que Calderón hizo una declaración sin apego a la ley, pues el Artículo 4 clarito expresa únicamente que “el varón y la mujer son iguales ante la ley”, pero no menciona nada de bodas (y aunque así fuera, se modifica la Constitución al mundo real y ya. Es más fácil que la Constitución se adapte a la realidad y no al revés).
Quienes suponen que los mexicanos aún tenemos mentalidad de Fernando Soler en Una familia de tantas, representan una minoría de sacristanes. Los tiempos han cambiado y ya no escandalizan los encabezados amarillistas del ayer, cuando hacían redadas en “fiestas de lilos”. Ahora abundan las revistas gay, en los programas de chismes del espectáculo no pueden faltar, y por la Zona Rosa andan de la mano. Aunque fray Norberto se enmuine, pasaron de la demencia animal a formar parte de la gente normal, como las personas divorciadas y las madres solteras.
Para mala fortuna del PRIAN, el mundo ha evolucionado, y en nuestro país no tan sólo la comunidad LGBTI ha conquistado espacios, sino que yo mismo conozco más de un caso de mujeres con hijos que viven con otras mujeres, tal y como se publicó en MILENIO Semanal, número 640, en su reportaje principal: Tres familias normales (a pesar de la PGR).
Es más sano vivir bajo la tutela de una pareja gay, que bajo el seno de un ejemplar clásico de la Gran Familia Mexicana: un señor que se pone bien pedote y le pega a su abnegada vieja, y que luego se sale a escondidas con otras viejas y con los travestis de Tlalpan. De esas familias surgen los malandros.
Calderón supone que llegó a presidente porque la gente tradicionalista votó por él, olvidando la pequeña ayudadita del IFE (y que no se pudo comprobar, al negarnos al recuento voto por voto).
La guanajuatización agoniza. La gente de hoy está en Twitter y Facebook. Ya salimos del rancho. Gracias a la piratería, los mexicanos vemos cine de arte y estamos a la altura de otros países evangelizados del mundo. El hecho de que el PRIAN ejerza una política de tiempos de Portes Gil, no implica de que los mexicanos nos la creamos. Pedro Infante murió. Lo siento.
Ahora bien, la comunidad lésbica-gay-bisexual-transexual-transgénero-intersexual debe ser tolerante con los chistes gay, porque quiéranlo o no, forman parte del folclore nacional (comenzando por nuestra costumbre de alburear, juego entre hombres que consiste en utilizar palabras de doble sentido donde gana el que queda como homosexual activo sobre el pasivo. Interesante juego que sublima la poderosa homosexualidad latente de todo macho mexicano).
Yo no pienso dejar de hacer chistes gay (ni políticamente incorrectos), como los que hacemos en El Pasón, porque cuando se trata de humor, estaría más loca que pendeja la persona que se sienta ofendida (y de hecho, algunos gays con sentido del humor nos agradecen puntadas, como aquella célebre frase que publicamos de la Vicky Fox, dirigida al presidente Zedillo: “No sabes lo que cuesta verse como una loba entre tanta perra”).
En vez de andar viboreando a los gays, Calderón debería ponerse su uniforme militar de comandante supremo y lanzarse a Ciudad Juárez a poner orden, tal y como dijera nuestro querido colega Epigmenio Ibarra.
Nos vemos mañana en el Cabare-Tito, pero en el privado. ;)






