Cátedra de Arte Cabañas, en honor a José Clemente Orozco
A desterrar la intuición del arte: Camnitzer
2010-02-09•Cultura
Personalmente, preferiría que la palabra intuición fuera prohibida en el arte. No el acto de intuir, pero sí la palabra. El uso del término intuición, más veces que no, sirve para justificar la pereza que nos separa de la explicación o de la toma de responsabilidades con respecto a lo que hacemos. Es como decir que me la susurró un angelito y que por lo tanto no tengo que explicar nada.” Las palabras pertenecen al artista, curador y crítico Luis Camnitzer, quien impartió la noche de ayer una conferencia magistral en el Instituto Cultural Cabañas, en el marco de la Cátedra de Arte Cabañas en honor a José Clemente Orozco.
Durante más de una hora, el artista de origen alemán, aunque criado en tierras uruguayas, ahora radicado en Nueva York, y que además ha estado en la Bienal de Whitney, la Documenta de Kassel y las colecciones de la Tate Modern de Londres, el Metropolitan o el MoMA en Nueva York; compartió parte de su genialidad y reflexiones ante un foro compuesto de más de 200 personas.
Camnitzer pugnó por la recuperación de la responsabilidad ética del artista ante el discurso de su obra, renegando de la supuesta pureza de la obra artística. Toda postura, o acto de comunicación tiene consecuencias éticas o políticas, por lo que hay una responsabilidad que asumir, según dijo. “La separación moralista que podemos hacer al poner las bellas artes de un lado y la publicidad de otro, es bastante espuria. Ambas actividades son, hasta cierto punto, igualmente mercenarias, aunque sirvan a patrones diversos. El publicitario vende objetos de consumo cotidiano, en cambio, el artista vende misterio. Ambos tratan de vender un mensaje y es mejor que nos responsabilicemos de ese aspecto en vez de ignorarlo. Los medios son similares en ambos campos. Es la naturaleza de los intereses la que determina la ética de la obra. No es el arte lo que determina su ética, sino los intereses a los que sirve. Tanto en el arte publicitario como en las bellas artes, el autor sirve a una causa. La causa puede ser personal, social o una combinación de ellas, no importa. Siempre hay una causa y siempre hay consecuencias éticas, aunque algunos quieran aislar el arte en un vacío incontaminado. También hay consecuencias políticas, aunque se quiera ser apolítico”, sentenció. Camnitzer comparó el trabajo del científico con el del artista. “Si le exigimos a los científicos rigor al trabajar, ¿por qué no con los artistas? Hacer lo anterior, sería como decir que el artista puede ser perezoso y el científico no”, concluyó el artista.






