El efecto Sonora
Capitolio
Gerardo Hernández
Si el cambio de poderes en Chihuahua resolviera la violencia en Ciudad Juárez —o al menos la abatiera—, el gobernador Reyes Baeza habría incurrido en negligencia por postergar la solución de una crisis de seguridad sin paralelo. Mas no es así, se trata de un golpe de efecto para conjurar el síndrome Sonora que podría costarle al PRI el gobierno del 4 de julio. Pues aunque la Federación y el Estado comparten culpas, Baeza —como antes Eduardo Bours— es el responsable de lo que suceda en la entidad.
Previo a la masacre de quince jóvenes en Juárez, el 31 de enero, el líder mormón Benjamín Le Baron y Luis Withman fueron secuestrados y ejecutados en Galeana, Chihuahua, en julio pasado. Un año antes, la delincuencia organizada asesinó a trece habitantes de Creel, en la sierra Tarahumara. En cada evento, Reyes Baeza ocupó el centro de las críticas de la prensa nacional y extranjera. El gobernador, como pudo, capeó el temporal.
Ahora, frente a una presión social en ascenso, la inminencia de unos comicios competidos y un presidente en funciones de jefe de Estado y de partido, Reyes optó por avecindarse una temporada en el antiguo Paso del Norte, junto con el Congreso y el Tribunal de Justicia. Medida inútil. Es como si después del incendio de la guardería ABC, de Hermosillo, cuyo saldo fue de casi medio centenar de infantes muertos, Bours anuncia la construcción de una nueva estancia en el mismo sitio, ahora sí con las máximas normas de seguridad.
Lo que el mandatario priista no hizo en materia social y de seguridad en más de cinco años, difícilmente podrá lograrlo en menos de seis meses. La elección de gobernador de Chihuahua la decidirán dos factores. 1) los movimientos sociales surgidos de norte a sur y de oriente a poniente en demanda de garantías y justicia; y 2) más importante aún: dónde localicen esos grupos a los responsables del actual estado de cosas: en el gobierno de Calderón o en el de Reyes.
En las elecciones concurrentes del 5 de julio de 2009 en Sonora, los ciudadanos repartieron culpas: el PAN (el presidente) perdió seis de las siete diputaciones federales; y el PRI (Bours) el gobierno, después de ochenta años de monopolio. Si los chihuahuenses proceden de la misma forma, lo cual es muy probable que suceda, Reyes Baeza está en problemas pues a Calderón ya le cobraron en ocho distritos el año pasado. Acción Nacional ganó sólo el tercero, con cabecera en Juárez.
Mientras no existan formas de sanción efectivas y figuras de participación como las candidaturas independientes, la iniciativa ciudadana y la reelección inmediata de alcaldes, diputados y senadores, las urnas serán el único espacio donde la sociedad pueda ajustar cuentas con sus autoridades y los partidos que avalan sus actos.
En tal sentido, la ciudadanía ya ha demostrado que puede modificar tendencias y que, contra lo que muchos suponen, observa, analiza y contrasta a sus gobiernos. “Reyes Baeza es uno de nuestros mejores gobernadores”, me dice Javier Guerrero, secretario de Acción Social del PRI. Si los electores piensan lo mismo, entonces no hay motivo de alarma. Chihuahua, en todo caso, ya conoce la alternancia.


