Lama sabactani
Ahí le encargo
Rubén Moreira Valdez
Antonio Usabiaga ofició misa en una parroquia donde domina una sola figura: la de Cristo vencedor.
“Como un relámpago, el espíritu del Maligno desplegó ante los ojos desfallecientes del crucificado la visión pérfida de una vida apacible y dichosa: había seguido… el sendero fácil del hombre. Se había casado, había tenido hijos, los hombres lo amaban y estimaban”.
En 1988 apareció bajo la dirección de Martin Scorsese la película: La última tentación de Cristo. El estreno causó revuelo. Algunos ni siquiera se detuvieron a preguntar el argumento, era claro que el director tenía el boleto comprado para disfrutar el fuego eterno. Otros, se apostaron en las afueras de los cines para impedir a los despistados que se perdieran en los avernos. En México, en algunos colegios se encargó a los menores, como tarea a cambio de obtener unos puntos en la clase de ciencias, conseguir firmas entre sus familiares para impedir el estreno. En Chile, el piadoso dictador y notable asesino Augusto Pinochet evitó la criminal exhibición de la película. En la isla de Creta, en los tiempos de la ocupación otomana, nació Nikos Kazantzakis, a quien se le ocurrió estudiar leyes, pero se dedicó a cosas mejores como la literatura y la filosofía, se alistó como voluntario en la guerra de los Balcanes y en algunas ocasiones hasta perdió el tiempo como funcionario. Pero, el también autor de Alexis Zorba, el griego, lo mejor que hizo fue vagar por las cosas del mundo para calmar su espíritu, no en vano escribió: “desde mi juventud, mi angustia primera, la fuente de todas mis alegrías y de todas mis amarguras fue esta: la lucha incesante e implacable entre la carne y el espíritu”.
Antonio Usabiaga ofició misa en una parroquia donde domina una sola figura: la de Cristo vencedor. El servicio religioso estallaba con una amplia explicación sobre los Evangelios. Entre enérgicos reclamos brillaba el sacerdote que muy joven sirvió de ayudante en los trabajos del Concilio Vaticano II y que no tenía empacho en retar a su grey a imitar a los hermanos protestantes que leían a diario las Sagradas Escrituras. Era el sacerdote que perdonaba a los obreros sin la confesión de sus pecados, sabedor que estos no eran superiores a los sufrimientos que padecían. Simpatizante de la causa zapatista que hoy sigue siendo causa. Kazantzakis murió en 1957 y no vio su libro La última tentación en las pantallas, pero sí fue condenado por el Vaticano y excomulgado por la Iglesia ortodoxa, al igual que Scorsese por la católica. Hoy la realidad es otra, en los supermercados por menos de cien pesos se puede uno llevar en DVD la otrora censurada cinta. Yo tengo varias copias. La primera, en inglés, me la obsequió Usabiaga en el prehistórico VHS. La más reciente la adquirí en un suermercado que tiene por nombre el apellido que lleva un alto dignatario de la Iglesia ortodoxa.
“…¡Qué sabiduría haber seguido el sendero del hombre y qué insensatez querer salvar el mundo! ¡Qué alegría haber escapado a las tribulaciones, al martirio y a la cruz! Esta ha sido la última tentación…Pero brúscamente Jesús abrió los ojos… se hallaba clavado en la Cruz… satisfecho. Entonces se oyó el grito triunfal: ¡todo se ha consumado!”
El divino maestro, el galileo, el nazareno, el príncipe de paz, el que echó a los mercaderes del templo, el que se hizo acompañar de prostitutas y guerrilleros, el que perdonó criminales venció la más grande de las tentaciones: ser un hombre común… todavía mayor a la de ser: El guardián entre el centeno.
Para Antonio Usabiaga ya no hay misterios… un cáncer se lo llevó. pm
Rubén Moreira Valdez es presidente del Comité Directivo Estatal del PRI en Coahuila y Diputado Federal por el IV Distrito con cabecera en Saltillo.


