The Who en el Super Bowl
Pelos y Señales
Alfredo Sánchez
Costaba un poco de trabajo imaginarlos amenizando el Super Bowl. Grupo emblemático de la inconformidad juvenil con canciones como My Generation y Won´t get Fooled Again, ya bien integrado a un mundo mediático donde mandan los dólares y la posibilidad de hacerse visibles en la pantalla chica a escala planetaria (se calculan 100 millones de telespectadores). Antes, una desactivada controversia incitada por buenas conciencias que pretendían evitar la presencia de Pete Townshend por las acusaciones de hace algunos años por supuesto consumo de pornografía infantil vía Internet. Aun con dos ausentes –el baterista hiperactivo Keith Moon y el estático aunque virtuoso bajista John Entwistle, ambos ya muertos- el grupo británico ha seguido activo de manera intermitente y siempre dirigido por el implacable brazo de aspa de molino de Townshend, y por Roger Daltrey lanzando el micrófono por los aires. En el 2007 se les anunció en México y yo primero me lamenté pues no podría asistir en esa fecha y luego me congratulé de modo agridulce cuando supe de la cancelación del show. En alguna época la adrenalina los llevaba a destruir sus instrumentos pero hoy, ya sesentones, prefieren descargar la pasión de otras maneras. Quizás apareciendo unos minutos en las teles de todo el mundo. Y yo, allí sentado frente a la mía contando los larguísimos minutos finales del segundo cuarto del partido entre Indianápolis y Nueva Orleans para ven el espectáculo. Apenas 12 minutos de duración de un show anunciado que, sin embargo, tiene un impacto enorme. Un escenario sofisticadísimo que se monta en unos cuantos minutos y enseguida ya está sonando, con un notable desfase en la transmisión entre sonido e imagen, Pinball Wizard, la primera canción de un apretado popurrí que incluye Who are you, Teenage Wasteland, See me Feel me y por supuesto, el gran himno que hizo gritar al estadio entero: “No nos harán tontos de nuevo”. Impresionante combinación de luces, láser y pirotecnia infalible enmarcó la breve actuación que de seguro no sirvió ni para que entraran en calor los músicos. Los sitios vacantes en escena fueron ocupados, como lo ha sido en tiempos recientes, por el bajista Pino Palladino y el baterista Zac Starkey –sí, el mismísimo hijo pintito de Ringo Starr- a quienes se sumaron un par de músicos más en guitarra y teclados, respectivamente. Termina el acto y sigue lo importante: el duelo en la cancha. The Who queda como un dato para la historia: actuaron 12 minutos en el medio tiempo del Super Bowl 2010.


