Chad Esteban Ochocinco
El Groucho Marx del futbol americano
2010-02-08•El Ángel Exterminador
“La Nación Packer se encuentra con la Nación Bengal, el movimiento de las cabezas de queso contra el movimiento de Who Dey”.
Chad Esteban Ochocinco, en su Twitter.
Chad Johnson (quien ahora se hace llamar Esteban, para sonar más latino), el jugador estrella de los Cincinnati Bengals, va más allá de ser un simple bufón, y de manera natural (yo diría más bien silvestre), pregona con el ejemplo la sencillez, la alegría de vivir y exhibe un irreverente humor antisolemne. Entiende realmente el espíritu del juego, además de realizar el acto más contestatario y vanguardista: decir que se siente mexicano en tiempos violentos de guerra contra el narco, la influenza y el muro fronterizo.
Chad Esteban Ochocinco (un nombre genial, aparte) pertenece a la categoría de los deportistas performance, como el basquetbolista travesti Denis Rodman, o el boxeador hip-hop Jorge “Maromero” Páez, pero más profundo.
Cuando uno critica a la gente arrogante, uno mismo se vuelve arrogante, por ello Confucio nos advirtió del peligro de hacer juicios morales de los demás y en sus enseñanzas no daba órdenes, simplemente decía: “El hombre sabio hace esto u aquello”. Ochocinco practica la sencillez, y yo lo considero un gurú con hombreras.
Ochocinco sencillamente se burla de la cultura elitista norteamericana, y le fascina exhibirse con orgullo como el más naco de los nacos. ¿Quién si no, en un país afamado por racista, anda por ahí pregonando que se siente mexicano?
Matt Groening, el creador de los Simpson, le gusta homenajear a México y constantemente hace referencias a nuestros auténticos símbolos patrios: la lucha libre, Chespirito, Tijuana, Luis Miguel, etc. Pero no llega al exceso de identificarse tanto, al grado de declararse mexicano (y todavía peor, asegurar que, aunque su especialidad sea el futbol americano, en el fondo lo suyo, lo suyo, es el futbol soccer; sólo le faltó decir que su gran sueño es jugar en el América y refinarse unos tacos de carnitas).
Jamás he sido chovinista ni nacionalista; honestamente desprecio la manipulación patriotera con fines politiqueros (que abundarán este año de bicentenario), pero celebro la desfachatez de este jugador negro, multado con 30 mil dólares por celebrar una anotación contra los Detroit Lions, portando jorongo y sombrero ranchero.
El mismo Ochocinco presume de ahorrar mil dólares semanales para pagar sus multas (lo mismo que hiciera el Loco Valdés cuando lo multaron por hacer el chiste de Bomberito Juárez, quien enseñó ante la cámara el dinero para pagar su siguiente multa); también fue fascinante verlo en noviembre de 2009, ofreciendo un dólar a un oficial en pleno campo, para que cambiase la marcación a favor de los Bengals (chistecito que le costó 20 mil dólares).
Libre como un Loco Valdés, rompe sus limitaciones: cuando no es requerido para jugar, de todos modos acude a los estadios y realiza una actividad alterna: la del reportero amateur. Ochocinco sencillamente agarra su grabadora y se lanza a entrevistar jugadores de todos los equipos (es como si Rafa Márquez, por poner un ejemplo, rompiera el encasillamiento de mero jugador y se pusiera a entrevistar jugadores del Cruz Azul y del Necaxa).
Otra jocosa costumbre del Black Mexican consiste en celebrar sus anotaciones ¡corriendo hacia la bancada del equipo rival! Se lanza sobre los aficionados adversarios, esperando a que lo carguen, sin importarle que le lancen escupitajos y vasos de cerveza.
Cuando se le pidió a los jugadores que jugaran con una prenda rosa, como símbolo de apoyo para la campaña de lucha contra el cáncer de mama, Ochocinco fue el único en vestir todo de rosa (hasta el protector bucal), salvo el jersey, por una prohibición de la NFL.
Por Twitter, pregunta a las personas que viven en las ciudades donde va a jugar, qué lugar le recomiendan para comer, y luego los invita a compartir las viandas.
Para el Supertazón en Miami, Ochocinco no estuvo, pero regaló a sus cuates twitteros una entrada de 250 dólares, y luego los invitó a una fiesta con MacDonalds y barra libre.
No soporté que Marta Sahagún se pusiera la verde, quedé tan traumado que desde entonces me pongo una playera de Estados Unidos cuando juega México, pero aplaudo cómo se le ve “la verde” a Ochocinco, quien la lució durante un partido Dolphins-Steelers. Un brindis con pulque por el paisa.






