La crítica: libro

La ciudad es uno

Resulta que los editores de Sexto Piso convocaron a once escritores latinoamericanos para que registraran sus impresiones acerca de su primer llegada a un territorio.
  • 2010-02-08•Cultura

Foto: Especial

¿Cómo explicar y definir los sitios?, se pregunta el bonaerense Rodrigo Fresán.

Resulta que los editores de Sexto Piso convocaron a once escritores latinoamericanos para que registraran sus impresiones acerca de su primer llegada a un territorio, una ciudad, y que apenas deslizado el tiempo habría de imprimirles una o varias huellas lo mismo en la piel que en la memoria.

Y vuelve a preguntarse Fresán: ¿en el idioma telegráfico de los hechos o en el lenguaje lírico de los recuerdos genéticamente manipulados desde el presente?

Cada uno ejerció su fórmula —“uno recuerda las cosas como cree que fueron y luego las cuenta como mejor puede”, dice la mexicana Alma Guillermoprieto— y así, fijando la mirada en Londres, Tánger, Madrid, Caracas, Berlín, Managua, México… el lector recorre el mundo desde la comodidad del papel impreso.

Descubrimiento que deberá traducirse, acota Juan Manuel Villalobos, prologuista del libro, en la comprensión de que llegar a un sitio es volver. “Que llegar a vivir, por primera vez, a una ciudad nueva, era interpretar una historia que había pasado a formar parte de la nuestra”.

“Descubrir que la ciudad es uno”, añade, como Rafael Gamucio sabe que la inocencia es el secreto de Nueva York; o como Andrew Graham-Yooll entiende pronto que los ingleses no son buenos perdedores. O a la manera de Guillermo Fadanelli, quien luego de un año en Berlín, donde se pasea sin el miedo a cuestas en la madrugada, entendió con exactitud los motivos de su insoslayable deseo de volver a Ciudad de México.

“Estoy —confiesa Fadanelli— enganchado a la desgracia que es cementerio y aventura al mismo tiempo, destino”.

La misma ciudad que a Francisco Goldman le tocó consignar, en su primer contacto a mediados de los 80; y época que el bostoniano-guatemalteco evoca “una larga preparación de lo real, la tristeza y la melancolía y la soledad y la disolución del propio yo que se dibujan en el horizonte, y que ahora quizá ya no tengan fin”.

Con la sangre despierta, Sexto Piso, México, 2010, 164 pp.

México. Mauricio Flores