Entrevista: Albino Álvarez

El Kafka de Francisco Toledo

El director mexicano comenta el largo proceso de filmación de su documental, hecho sin fines apologistas, sobre el artista oaxaqueño.
  • 2010-02-06•Cine

Este documental forma parte de una serie iniciada en 1999 sobre la vida y obra de artistas oaxaqueños.
Este documental forma parte de una serie iniciada en 1999 sobre la vida y obra de artistas oaxaqueños. Foto: Especial

La obra habla por el artista. Esta es una de las conclusiones que se extraen de El informe Toledo, documental dirigido por Albino Álvarez y que versa sobre la vida de Francisco Toledo. La pieza es parte estelar de la quinta Gira de Documentales Ambulante, que en unos días empieza y se proyectará en distintas salas del país. Sin fines apologistas o propagandísticos, la película apela a buscar los contrapuntos entre el hombre y su trabajo. El resultado es una pieza biográfica y a la vez reveladora, de uno de los creadores plásticos más importantes del país.

¿Cómo nace El informe Toledo?

En el 99 empecé con Germaine Gómez Haro una relación sustentada en el interés por difundir la actividad en la plástica de Oaxaca. Comenzamos con un documental sobre Sergio Hernández; en 2004 retomamos la idea de la serie y se amplió a nueve autores más. Concluimos el proyecto en 2006. En ese lapso tuvimos oportunidad de hablar con Francisco Toledo. Queríamos hacer algo con él y amablemente accedió a tener conversaciones con nosotros. Así se fue armando la idea de que estas pláticas derivaran en un documental.

Habla de un proyecto de años, ¿qué lo hizo mantenerse en la idea de hacer algo con Toledo?

Hay proyectos que duran hasta veinte o treinta años. En realidad la idea surge hace más tiempo. Cuando tenía dieciocho años, mientras estaba en el CCH Sur. Leía el unomásuno y veía que algo importante estaba sucediendo en Juchitán con artistas como Toledo. En el CUEC tenía un compañero: Salvador Díaz, quien iba a filmar a Juchitán, en su momento de efervescencia. Toledo encabezaba todo ese renacimiento cultural. Ahí en realidad surgió mi interés.

A pesar de que es muy conocido, Francisco Toledo es una persona de perfil bajo. ¿Fue fácil acceder a él?

Hay temas que le resultan atractivos y ubicarlos facilita el encuentro, uno de ellos es Kafka. Estuve revisando entrevistas con Francisco Toledo, y en realidad los temas y las preguntas siempre eran las mismas. Alguna vez lo platicamos y a él le interesó que abordáramos cosas diferentes, aunque había temas inevitables. La línea que seguí, fue su pasión por los monos, empecé por el trabajo que hizo sobre Kafka. Alguna vez me dio un libro clásico de literatura china, Las aventuras del Rey mono. Ya que delimité como tema sus quince grabados sobre Kafka y su pasión por la parte simiesca, empecé a crear una historia alrededor suyo, entrevisté a sus amigos, a la primera compañera que tuvo en Juchitán, la poeta Elisa Ramírez, para dimensionar sus etapas en los setenta y ochenta. Hicimos un recorrido que incluyó París, Madrid y Londres, con la idea de seguir sus huellas hasta lo que fue su gran exposición en Europa en 2000. Quería recabar el impacto de su obra, fuimos al Museo Reina Sofía, estuvimos en París con sus amigos y maestros. Entrevistamos a quienes nos podían aportar algo sobre su obra.

Llegó a tener sesenta horas de entrevista. ¿Cómo llevó el tema de la edición?

El tema motor fueron los quince grabados que hizo Francisco, sus testimonios hablan de su amor hacía Kafka y en particular a su personaje “Pedro el Rojo”, donde encuentro una especie de analogía de su propia vida. Así estructuramos la perspectiva, que además permitía acoplar el trabajo gráfico de sus placas con toda la trayectoria al salir a Juchitán y su paseo por Europa.

Es claro que como director tiene una evidente pasión por la plástica, ¿de qué manera la trabaja a través de la cámara?

Me preocupo más por la dramaturgia que por la plástica. No me preocupa si es documental o ficción. Hay una historia y en ésta uno debe encontrar la trama que será el vehículo de conexión entre la historia y el espectador. Sí, siento que a partir de la plástica de Toledo hay una riqueza que permitía el manejo de los contrastes blancos y negros, los aguafuertes son kafkianos, pero lo visual está supeditado al contenido. La forma emergió de mi preocupación porque la historia pudiese ser bien contada y comprensible, que dimensionara bien al artista. Me interesaban los procesos creativos y políticos. Es un documental que retrata la COCEI y los movimientos de los setenta y ochenta, pero con un trasfondo político que llega hasta 2006. Quise tocar como telón de fondo la injusticia en el estado, en ese sentido intenté que tuviera profundidad.

¿El trasfondo político fue lo que le dio los puntos de conflicto a nivel dramático?

Yo buscaba básicamente las contradicciones. El retrato o la biografía es imposible entenderla sin esos contrastes, estas fuerzas que están en nosotros luchando. Esa es la gran diferencia con la apología. Por mucha admiración que sientas como autor ante un personaje, si no ves los claroscuros quedas con una lectura parcial y plana. Como dices, esas contradicciones están en lo político pero también cuando está agotado por esa lucha que deriva entre su ser público y su ser como artista, porque siempre quiere tener más tiempo para explorar como creador pero por otro lado la realidad le demanda mucha atención como ser público. Ahí está el motor dramático de la historia.

Carlos Jordán • gonzalezjordan@gmail.com