Escolios

Poesía terminal

La devoción católica de Viel es fundamental para entender su poesía
  • 2010-02-06•Antesala

¿Qué hay antes de ese misterioso y febril opúsculo, Hospital Británico, que salvó del olvido a Héctor Viel Temperley? Ocho libros más, todos deslumbrantes, que reunidos en su Poesía completa (Aldus, 2008), pueden compararse y contraponerse con su legado más célebre y ayudar a establecer una visión más precisa de su casi fantasmal trayectoria. Poco se sabe de la vida de Héctor Viel (Buenos Aires, 1933-1987), apenas que era un hombre de clase media alta, preocupado por la religión y afecto a la natación, la equitación y otros deportes. Sus fotografías semejan más la imagen de un fisicoculturista que la de un poeta y muchos de sus poemas más conmovedores tienen que ver con una actividad meramente física y evocan la experiencia de nadar y montar o describen actos elementales como ayudar a orinar a un enfermo, dejarse oler desnudo por una pequeña perra o beber agua enmedio de una noche de insomnio. Incluso su Hospital Británico es la crónica de una odisea corporal, la operación que sufre para extirpar un tumor del cerebro. Acaso en pocos poetas hispanoamericanos, como en Viel, pueda pensarse en una escritura tan explícitamente ligada al cuerpo, en la que indistintamente el placer, el esfuerzo o el sufrimiento físicos sean una vía de iluminación. Por supuesto, el culto al cuerpo de Viel tiene poco que ver con la egolatría del gimnasio, sino con una concepción del cuerpo como medio de comunión y habitáculo divino. Y es que la devoción católica de Viel (vivida a veces con indecible alegría, a veces con desgarramiento y culpa) está estrechamente ligada a la vida corporal y es fundamental para entender su poesía. Sólo su búsqueda religiosa, con sus imágenes insólitas, sus vuelcos lógicos y sintácticos, su transfiguración de los símbolos del culto, le imprime originalidad y capacidad de conmoción a su vitalismo.

Si en toda la trayectoria de Viel, el cuerpo es el centro de la experiencia poética, es natural que la enfermedad le brinde otra dimensión a esta filiación corporal. La operación quirúrgica que origina Hospital Británico, implica no sólo un enfrentamiento inminente con la muerte, sino una transfiguración en la relación con el cuerpo, que pasa del goce al padecimiento. El vínculo esencial de la escritura con el dolor físico explica la contundencia y dramatismo de las imágenes que reproducen heridas, hemorragias, drenajes y curaciones. Como dice Juan Alcántara en uno de los ensayos que acompañan la edición, un poema en estas circunstancias, se encuentra muy lejos de un propósitio estético y resulta, más bien, una manera de mantener la cohesión de la persona (así sea atestiguando la desintegración). Si bien Hospital Británico es una escritura dictada por el padecimiento (puede leerse como un auténtico encefalograma poético), no deja de dotar de significado al dolor y entre las ráfagas de sufrimiento que acosan al lecho del enfermo, surge, en frases entrecortadas y enigmáticas, la experiencia de la devoción, la reconciliación y el éxtasis.

Armando González Torres • agonzale79@yahoo.com.mx