De culto: Raymond Radiguet
Un adicto al rojo vivo
2010-02-06•Antesala
Bullía, todo lo hacía tan deprisa como las personas que van a morir jóvenes y viven a marchas forzadas”. Así delineó Raymond Radiguet al protagonista de su obra maestra El diablo en el cuerpo. Y parece que escribía de sí mismo: su estancia en la tierra fue fugaz, no obstante, con la literatura marcó al rojo vivo el manto del tiempo, consiguió la inmortalidad.
Raymond Radiguet nació en Parc Saint-Maur en 1903. Desde temprana edad desdeñó la formación académica, prefiriendo embelesarse con la lectura de los poetas malditos. Se mudó a París sobreviviendo precariamente gracias a trabajos periodísticos. Entró de inmediato en contacto con grandes artistas y escritores. Pablo Picasso trazó su rostro y Man Ray le hizo un retrato.
En el umbral de la adolescencia ya contaba con la amistad incondicional de Jean Cocteau, quien le publicó con gran entusiasmo sus poemas en la revista vanguardista Le coq, porque vislumbraba sin errar, rasgos de genialidad en él.
Se le ha considerado como el Rimbaud de la novela, mote de su editor Bernard Grasset, ya que su breve y rotundo legado literario se constituye sólo por tres obras: El diablo en el cuerpo (1923), llevada al cine por Claude Autant-Lara (1947) y Marco Bellocchio (1986), El baile del conde de Orgel, y el poemario Las mejillas encendidas, publicadas póstumamente.
Su obra es subversiva, fulgurante. Emerge de un profundo lenguaje poético, desbordado delirio, compleja introspección y el universo moral de su época. Sorprende la madurez literaria que tenía a los 17 años. Con El diablo en el cuerpo obtuvo reconocimiento unánime de los círculos intelectuales en Francia. Incluso le fue concedido el Premio del Nuevo Mundo, mismo que le aseguró estabilidad económica y la gloria literaria. Esta febril novela, contextualizada al comienzo de la Primera Guerra Mundial, relata el loco amor entre un joven escolar y una mujer casada con un militar que fue enviado al frente.
Se piensa que Radiguet tenía doble propósito con la historia entre Marthe y el colegial, por una parte, desmitificar los “grandes acontecimientos” de su tiempo al darle más importancia a los deseos de los protagonistas, y en segundo momento, abrir el curso narrativo hacia la búsqueda de lo individual.
Siguiendo la inercia de los novelistas contemporáneos, Radiguet usó con cierta frialdad los sucesos históricos como escenario para crear una de las historias más arrebatadas que se escribieron en el siglo XX. La psicología de sus personajes refleja un temprano conocimiento de la conciencia humana, recurso del que se sirvió para cuestionar la moral y las tradiciones burguesas de su época. Celebró como antes lo hizo Rimbaud, la experiencia a partir del “Yo”.
La vida y obra de Radiguet se entienden desde un pensamiento de Pascal: “Hay que admitir que si el corazón tiene sus razones que la razón desconoce, es que ésta es menos razonable que nuestro corazón”. Su existencia fue acelerada, contundente, volcánica: el tiempo interno que lo determinó fue vertiginoso.
Hacia el final de El diablo en el cuerpo, una línea dice: “El rayo que fulmina a un hombre cae tan rápido que éste ni siquiera llega a sufrir”. Así, la muerte lo sorprendió en París con tan sólo 20 años. Fue presa de las fiebres tifoideas.






