A salto de línea
MUAC: ¿un elefante blanco?
2010-02-06•Cultura
El 26 de noviembre de 2008 se inauguró el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, MUAC. Está cumpliendo un año, sin ruido ni festejos. Fui hace unos días: salas vacías, apenas tres cosillas (“Espacios industriales”, un objeto de Antonio O’Conell y un trabajo “multimedia” de un brasileño y un suizo. Poco menos que nada). Eso, en 14 mil metros cuadrados, de los cuales suman tres mil para exposiciones, según el sitio en la web, también abandonado (¿y el “posmuseo”?). Parece un elefante blanco donde la arquitectura de Teodoro González de León no es responsable de que “su belleza y esencia” no radique en lo que aloja su interior. Arte a partir de 1952 es lo que hemos visto y solo recordamos dos muestras de primer orden: lo de Cildo Meireles y la instalación controvertida de Miguel Ventura, incomprendida por ideología. Sus colecciones han dejado mucho que desear, según lo dicho y escrito por los críticos especializados. Menudo problema tiene en sus manos el rector de la UNAM, José Narro. (Problemita que dejó a la cultura universitaria el exrector, Juan Ramón de la Fuente.) El edificio costó 250 millones de dólares. Pregunto a su directora fundadora, Graciela de la Torre: ¿está satisfecha, o no la comprendemos? El tiempo, como siempre, dará la razón a quien corresponda. Por lo pronto, no vaya al MUAC: un espacio casi vacío, a un año de servicio, al parecer, para pagar el salario de sus directivos.
Moscona: el poema-instalación
Ni en un museo de arte conceptual me he encontrado con lo visto en el libro de Myriam Moscona, De par en par. Valiente y transgresora, la autora juega a la instalación poética. Si el carácter visual de la poesía se descubre en la forma de un soneto, una lira, un haikú, Moscona apuesta por la imaginación de un lector sensible capaz de jugar con las letras, la línea, la huella de un dedo, el concepto de una tortilla y la búsqueda de la salida de un laberinto que nos lleva con la frase: “era feliz muriendo”.
Osada poeta, resulta incomprensible el silencio sobre este libro donde sólo con conocimiento reformulamos un poema de San Juan de la Cruz. Bastaría con ver el libro y descubrir algo nuevo en el panorama de la poesía mexicana. Olvidamos que la tipografía es un arte y su uso en el libro es esencial para entenderlo: la inteligencia y la emoción de una poeta-pintora, de una mujer con una sensibilidad brutal para hacernos reír con apenas dos palabras que se convierten en cuatro: poet-proyect y poetas-proyectarse; y en medio de las páginas, la palabra bilingüe. Un libro para degustar el poema-instalación en cuatro páginas. Aquí, la palabra resistir se nos cae visualmente, y el término colapso se ensancha: la cruel realidad convertida en poema.
Re-coda
Paso de gato, propiedad de Jaime Chabaud, pide publicidad, “apoyo” del Estado, presionando mediante carta firmada por instituciones teatrales de otros países. Me quedé mudo. Parece periodismo de la época priista donde hacían medios para vivir del gobierno, no de los lectores.
Homero Aridjis: lo quitan de su puesto de representación en la UNESCO-París. Puede cuestionarse que desaparezca la sede, pero nadie que conozca a Aridjis puede creer que lo suyo sea injusto, ¿o todavía sí?
Remate: ¿un museo del escritor con 200 literatos mexicanos; de dónde?






