Cuestión de método

Si persisten las molestias, cambie de juego

Enfermarnos conlleva un acto de humildad, una lección de paciencia.
  • 2010-01-16•Antesala

Foto: Aixchel

Para comenzar el año, debería escribir sobre la influenza AH1N1 desde la experiencia personal, porque fue la enfermedad con la que cerré el 2009. Un extraño regalo navideño, la sensación de asfixia y el inmenso alivio de respirar de nuevo el aire gélido con que inicia el 2010, año de conmemoraciones. La primera: recordar ese enero de 1967, cuando la Ciudad de México amaneció nevada. Yo estaba en preescolar y recuerdo la alegría incomparable (quizá las experiencias de la primera infancia sean así: aunque estén condenadas a ser un punto de referencia, nunca se volverán a parecer a nada) de saber que el mundo era blanco. Una vez en el salón de clase, la profesora nos hizo formarnos extendiendo el brazo derecho hasta tocar con la mano el hombro de la compañera que estaba delante (a esto se le llamaba “tomar distancia”) y salir al patio a tocar la nieve. Entonces supe que el mundo era frío. No he vuelto a tener una sensación igual. Porque para mí el mundo es blanco y frío pero no del modo en que lo fue entonces.

Nuestra desgracia como seres humanos es que llegamos a un sitio que está previamente habitado. Un juego in media res, una partida que ha comenzado hace un rato donde las reglas están dadas y cuyas piezas no colocamos nosotros. Vives en un país, escuchas las noticias, haces el recuento de los días y ves que la suma más grande es la de los muertos por el narcotráfico y la imagen del jefe de un cártel capturado y muerto, el producto exportado de mayor demanda. La crisis económica es el tema mundial aunque en los titulares en tu país compite con la violencia. Tratas de no hacer de esta última una preocupación, la has convertido en parte de “lo que ocurre”, un incidente en el juego que te tocó jugar, una carta que tratas de no sacar y avanzas a la siguiente casilla o te repliegas.

A veces, replegarnos es lo que nos queda. Enfermarnos conlleva un acto de humildad, una lección de paciencia. Y nos obliga a pensar en nosotros de un modo inédito. Nos lleva a descubrir, por ejemplo, que un virus no se va del todo. Que el herpes zoster es en realidad otra manifestación de la varicela. Que quien la haya tenido de niño (y casi todos la tuvimos) vive para siempre con el virus, lo que es otra forma de decir que estamos condenados a pasar los días con el enemigo instalado literalmente en la punta de nuestros nervios. No hay que provocarlo. Y provocarlo significa no estar alegres a pesar de saber que el enemigo habita dentro de uno. Otra regla curiosa del juego.

Los que padecieron el ataque de alguno de los múltiples virus que vinieron con los fríos, esperan con ansias salir a estrenar el año que empieza. Con la ola que nos tiene tiritando este

primer mes, nos han aconsejado que aguardemos el turno siguiente. Tratan de calmarnos: nos aseguran que aunque el mal tiempo continúe, no nevará. En el fondo, lo que estamos esperando es dar el salto, salir al patio y descubrir que hay nieve. Podría ser que encontráramos que el mundo no es siempre blanco ni frío.

Rosa Beltrán • rosabeltran_a@yahoo.com