De culto: José Moreno Villa

Poeta desterrado nunca fuiste

Moreno Villa no sólo se dedicó a las letras, también al dibujo y la pintura.
  • 2010-01-16•Antesala

Foto: Cervantes.es

La letra M como destino. Nacido a nivel del mar en el puerto andaluz de Málaga, ascendió a los seiscientos metros en la castellana Madrid durante su creativa juventud y, finalmente, trepa los empinados volcanes que rodean México a más de dos mil metros de altura para refugiar sus últimos años. Así, el poeta José Moreno Villa concluye: “Madrid era para enquistarse y Málaga y México para fugarse”. Porque la orilla del mar invita al alejamiento, mientras que las altas cumbres son las columnas donde comienza el cielo.

Moreno Villa no sólo se dedicó a las letras, también al dibujo y la pintura. La agilidad de su intelecto se crió en la soledad, en la timidez, pues era, según Octavio Paz, “poeta, pintor y crítico de arte: tres alas y una sola mirada de pájaro verderol”. En efecto, no sólo fue un importante poeta, pues se atareó en temas de historiografía, artes plásticas, literatura, traducción del alemán y en la aguda descripción (plástica o literaria) de sus cofrades y de los lugares por donde deambuló voluntaria o involuntariamente. Siempre crítico, Moreno Villa pudo rehacerse al hacer de su mirada esa ave marina o terrestre que aventura sus hipótesis con un estilo sin petulancias pero con hondura.

Nacido en 1887, el poeta se encontraba a mitad entre la generación del 98, de la que obtuvo su formación esencial, y la generación del 27, de la cual es una suerte de adelantado. No obstante su gusto por la soledad, cultivó la amistad con autores como Miguel de Unamuno, Jacinto Benavente, José Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda y Pío Baroja, quien en 1937, exiliados ambos en París, le dijo: “Moreno, ¡qué mal hemos quedado los del 98! ¿verdad?”, a lo que el poeta respondió afirmativamente.

Entre otros, ellos conformaban un Madrid con una agitada vida intelectual, donde laboraba en el Centro de Estudios Históricos en la sección de Arqueología e Historia del Arte. Mas llegó la guerra civil y con muchos otros intelectuales debió ir al exilio, que lo condujo a Estados Unidos y luego a México, invitado por Genaro Estrada, donde se relacionó con Alfonso Reyes, Octavio Paz, Jaime Torres Bodet y, por su puesto, con los demás refugiados españoles, en un país al que se integró con plenitud, recorrió y analizó.

La vasta obra literaria y plástica de Moreno Villa ha sido muy elogiada. Entre sus libros de poesía se hallan Garba, El pasajero, Jacinta la pelirroja, Carambas, Puentes que no acaban, Puerta severa, La noche del verbo. En cuanto al teatro, la narrativa y escritos varios, se encuentran Patrañas (cuentos), La comedia de un tímido (teatro), Cornucopia de México (ensayos), Doce manos mexicanas —Datos para la historia literaria. Ensayos de quirosofía. Entre sus estudios de arte están Velásquez, La escultura colonial mexicana y Lo mexicano en las artes plásticas. Así, Moreno Villa escribió y pintó en su residencia mexicana, a esta tierra en que “No vinimos acá, nos trajeron las ondas./ Confusa marejada, con un sentido arcano,/ impuso el derrotero a nuestro pies sumisos.” Murió en México en 1955.

Juan Luis Campos • juanluiscampos2005@yahoo.com.mx