Poesía

Muerte en la rúa Augusta

Publicado por Almadía, el más reciente libro de la poeta mexicana es el diario de un personaje —Gordon— que se canibaliza a sí mismo.
  • 2010-01-16•Antesala

Tuvo un sueño el señor Gordon:
el nieto del vecino más antiguo,
Bob, el viudo paralítico,
sentado siempre en una silla de ruedas,
ese nieto de nariz chata, ojos muy pequeños,
le arrojaba a Gordon una piedra,
le gritaba: morirás en el desierto
y Gordon se ponía de rodillas
para pedirle clemencia a Bob:
óyeme, Bob, mírame, soy Gordon, tu vecino,
traigo hogazas (mentira), traigo flores (otra mentira),
traigo castañas en mi costal (
eso no era mentira),
pero Bob no estaba en el sueño, sólo su nieto,
el nieto más feo de aquella vecindad.
Tuvo otro sueño el señor Gordon:
un alto mástil del mar lo golpeaba en la frente
una vez, dos veces, tres veces,
lo sumía en el agua que era,
según Gordon,
una charola honda de plata,
un fulgurante cuenco de estaño,
y el cuerpo de Gordon se resbalaba
sin dolor casi de un borde al otro,
hasta que alguien, una voz de alguien,
le recordaba sus derechos
(así los llamaba la voz en el sueño)
y entonces frente a los cuernos de la espuma
Gordon se erguía como un abogado furioso:
¡toro feroz, no me embistas que me hieres!
y el mar con su toro se deslizaba
por el hoyo de la noche y Gordon,
vestido ya de traje negro,
se ponía a escribir su testimonio,
¡rápido, rápido!, le decía la voz, cúbrete con mi piel,
que la posteridad te vea, exclame en conjunto:
ese Gordon tiene cara
de quien vuelve listo de un país lejano.

Aún tuvo un último sueño el señor Gordon:
estaba él mismo sentado en la sala de su casa
mirando el espacio, moviendo los labios,
agitando la luz directa que lo rodeaba
como un halo, un anillo de oro;
estaba él mismo y ni él lo sabía,
pero sí sonaba el aire como si alguien
lo estuviera usando y Gordon
despertó con una sospecha:
Anónimo vive también en mis sueños
y jalando la colcha se dispuso
a seguir durmiendo,
ya sin la espesa costra del temor.

Tedi López Mills


Foto: Especial

Luego de ser jubilado por su comportamiento inestable, el señor Gordon experimenta el desdoblamiento de su espíritu en un edén artificial, californiano. A la sombra de un árbol de mil hojas, casi al borde de una alberca, Gordon transcribe sus pensamientos, recuerdos y preguntas mientras intenta sortear el acoso de su esposa o su mejor amigo, y dialoga con una voz interior decidida a acabar con su cordura…”, este planteamiento, que aparece en la contraportada de Muerte en la rúa Augusta, es la anécdota de la que Tedi López Mills (Ciudad de México, 1959) parte para ahondar en la máquina de la conciencia de un hombre, poema extenso del que proviene el fragmento que aquí publicamos.

Entre los libros de poesía que López Mills ha publicado se encuentran Cinco estaciones, Un lugar ajeno, Segunda persona (Premio Nacional de Literatura Efraín Huerta), y Contracorriente (Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares). También editora y traductora, pertenece al Sistema Nacional de Creadores de Arte.