Fotoperiodismo en la Revolución

La reedición del libro 1911. La batalla de Ciudad Juárez en imágenes, de Miguel Ángel Berumen, permite reflexionar sobre la manera como los fotorreporteros documentaron los hechos ocurridos en esa localidad, donde Pancho Villa hizo su primera aparición revolucionaria
  • 2010-01-16•De portada

Foto: Scott Photo Co. / Tomada de 1911. La Batalla de Ciudad Juárez en imágenes

Éste era apenas el inicio de una historia que se volvería deslumbrante, la del fotoperiodismo de guerra que en el siglo XX arrancó en Ciudad Juárez: “Jimmy Hare estaba en San Antonio, tomando fotografías…, cuando le llegaron rumores de los problemas que había en la frontera. Hare llegó a El Paso el 9 de mayo de 1911 con un reportero del Bee de Omaha y ‘un fotógrafo local llamado Kiefer’; esa noche atravesó el puente a Juárez evitando a los periodistas que se congregaban en el lado americano… al día siguiente, cuando retornó a Juárez, vio que la lucha había estallado en serio. Después de varias aventuras le dijeron que estaba en curso una fuerte discusión justo afuera de la ciudad… Madero ya no quería seguir luchando. Éste propuso enviar una bandera de tregua al general Navarro, comandante de la guarnición de Díaz, y pedir permiso para llevarse a los muertos. De pronto Hare, que se había refugiado en una cantina huyendo de los francotiradores, se fijó en un hombre que pasaba por la calle, cubierto de cruces rojas y llevando una bandera blanca. Era el enviado de Madero. Hare descubrió que era Gerald Brandon, un fotógrafo de Panamá, y obtuvo su consentimiento para acompañarlo. Cuando Hare y Brandon estaban regresando de su misión, se sobresaltaron al oír disparos y alaridos que venían del otro lado de la ciudad. El general Navarro se creía en control de la situación y este ataque inesperado —la primera aparición revolucionaria de Francisco Villa— dio por resultado la captura de la ciudad y formalmente el inicio de la Revolución. Hare, la celebridad, tomó sus fotografías, pero la competencia de nuevo estilo estaba muy cerca, detrás de él”. Es decir, esos competidores no eran sino todos aquellos profesionales o improvisados que se volverían de manera inmediata fotorreporteros de guerra.

Lo anterior fue narrado por George R. Leighton en su muy breve texto “The Photographic History of the Mexican Revolution”, que apareció en el célebre libro de Anita Brenner The Wind that Swept Mexico publicado por Harper and Brothers en 1943. Y ahí el mismo Leighton da otros nombres, de aquellos que cruzaron hacia Ciudad Juárez: Jack Ironson, Robert Dorman, Aultman, Edward Larocque Tinker, Homer Scott, Victor Kubes y algunos otros. Pero ya desde entonces el propio autor advertía: “Los nombres de la mayoría de estas personas se han perdido y sus fotografías se encuentran dispersas”.

Jimmy Hare se desplaza con precaución durante uno de los combates, en Ciudad Juárez, 8 mayo.
Jimmy Hare se desplaza con precaución durante uno de los combates, en Ciudad Juárez, 8 mayo. Fotos: Tomada de 1911. La Batalla de Ciudad Juárez en iágenes.

Muy poco hubo después de Leighton. Y dado esto, era más que evidente que la historia —o las historias— del fotoperiodismo de la primera revolución del siglo XX estaba en espera de ser escrita en todas sus particularidades y complejidades. De Aultman muy poco se había visto en el libro de Mary A. Sarber, Photographs from the Border/ The Otis A. Aultman Collection (El Paso Public Library Association, 1977) en donde la Revolución mexicana apenas se asoma, sin ningún análisis y en imágenes aisladas. Desde otro punto de vista algo se tuvo también con la investigación de Paul J. Vanderwood y Frank N. Samponaro, Border Fury. A Picture Postcard Record of Mexico’Revolution and U.S. War Preparedness, 1910-1917 (University of New Mexico Press, 1988); o de ellos mismos War Scare on the Rio Grande/ Robert Runyon’s Photographs of the Border Conflict, 1913-1916 (The Barker Texas History Center, 1992), y parémosle de contar.

Tuvieron que darse los oficios de una nueva generación de historiadores de la fotografía en México (que fueron de las generalizaciones a las particularidades) para que se pusiera atención en este esencial periodo mexicano, entre los muy contados que exclusivamente se dedican al fotoperiodismo de la Revolución está Miguel Ángel Berumen, quien ahora reedita, corregido y aumentado, un clásico de la investigación contemporánea 1911. La batalla de Ciudad Juárez en imágenes (Océano/ Cuadro por cuadro, 2009) que comienza a circular. Berumen es un incansable investigador de su terruño, Ciudad Juárez, y de la desmitificación de las figuras de la Revolución vía las imágenes. Su primer impacto fue, sin duda, un ejercicio de microhistoria: La cara del tiempo/ La fotografía en Ciudad Juárez y El Paso (1870-1930) (Cuadro por Cuadro, 2002), donde se dio un sorprendente acopio documental de fotografías que logró reunir a partir de archivos estadunidenses y privados. Casi inmediatamente llegaría la primera edición, en dos tomos, de este 1911 (2003) que ahora abordamos, uno de ellos en coautoría con Pedro Siller. Después vendría Pancho Villa, la construcción del mito (2005) y ya no digamos que a la par de 1911. La batalla de Ciudad Juárez en imágenes también preparó México: fotografía y Revolución (Fundación Televisa, 2009), en donde él dirige a una serie de investigadores para ampliar el conocimiento de los sucesos visuales del periodo, por si fuera poco.

Madero con Máximo Castillo, jefe de su guardia personal, afuera de la casa de adobe. Versiones de esta fotografía fueron ampliamente divulgadas en periódicos de Estados Unidos y en tarjetas postales. Reflejan al líder político dirigiendo una revolución armada.
Madero con Máximo Castillo, jefe de su guardia personal, afuera de la casa de adobe. Versiones de esta fotografía fueron ampliamente divulgadas en periódicos de Estados Unidos y en tarjetas postales. Reflejan al líder político dirigiendo una revolución armada. Foto: Jimmy Hare

1911. La batalla de Ciudad Juárez en imágenes es toda una propuesta aleccionadora desde la misma historia de la visualidad. Un planteamiento que más allá de la propia reconstrucción histórica es también una propuesta teórica de cómo puede darse el abordaje de las imágenes fotográficas. Con todo y los pocos días en que se dio la batalla, en mayo de 1911, lo cual provocaría la caída de Porfirio Díaz, la cantidad de fotografías localizadas por el propio Berumen es impresionante. “Conocer la manera —escribe el historiador— en que las imágenes fueron difundidas y la forma en que éstas impactaron a las personas de su tiempo, puede ayudarnos a conocer la forma cómo se construyeron parte de los imaginarios de la época. Para ello analizamos la difusión de las imágenes en sus diferentes soportes: periódicos, fotografías originales, imágenes cinematográficas y libros”. Con ello le sigue la pista a cada uno de los fotoperiodistas, entre otros: a W.F. Stuart, a la joven Esther Eva Strauss, al propio Jimmy Hare (de pasada le enmienda la fecha a Leighton sobre la llegada del fotógrafo a Ciudad Juárez, que en realidad fue “el 15 de abril de 1911, un día antes de la llegada del ejercito maderista”); a Gonzalo Rivero y Samuel Tinoco “corresponsal y fotógrafo, respectivamente, de la Semana Ilustrada de la capital mexicana, [que] llegaron el 18 de mayo… ocho días después de terminado el conflicto”; al cinefotógrafo Antonio Ocañas; a Heliodoro J. Gutiérrez, “tal vez el fotógrafo mexicano más destacado en los primeros días del movimiento maderista, quien dejó su trabajo como fotógrafo en El País para viajar al norte e incorporarse al ejército revolucionario”; a Homer Scott y al propio Aultman a quienes pone de relevancia: “Uno de los descubrimientos más notables de esta investigación, fueron las secuencias realizadas por los fotógrafos Homer Scott y Otis Aultman en la línea de fuego durante la batalla de Bauche, a sólo unos kilómetros de la frontera, y las que registraron después con Jimmy Hare durante la toma de Ciudad Juárez.

Imagen sobre disparos de cañones que se tomaron a unos cientos de metros al oeste de la trayectoria que seguía la columna con la que iban los fotógrafos, por lo que se cree que Homer Scott se desvió por unas horas para tomar dichas fotografías y que después se reincorporó a la columna que seguía avanzando por la acequia, 8 de mayo.
Imagen sobre disparos de cañones que se tomaron a unos cientos de metros al oeste de la trayectoria que seguía la columna con la que iban los fotógrafos, por lo que se cree que Homer Scott se desvió por unas horas para tomar dichas fotografías y que después se reincorporó a la columna que seguía avanzando por la acequia, 8 de mayo. Foto: Homer Scott

Estas imágenes resultan pioneras y revisten un gran valor desde el punto de vista del fotoperiodismo moderno”. Y en efecto, seguir la batalla, toma a toma, realizada por dos o más fotógrafos es uno de los aportes de sistematización histórica de Berumen. Cada secuencia es analizada, el antes y el después de la misma, las circunstancias, los personajes que en las imágenes aparecen; incluso pone atención en las sombras de las paredes para establecer la hora de la toma; estudia los croquis y partes de guerra, las calles y las construcciones que había en las mismas. Para ello también se vale de las propias páginas de diarios y revistas de la época para conocer el qué y el cómo publicaban los hechos; y de los libros, que casi de manera inmediata comenzaron a mostrar los sucesos, entre éstos Hacia la verdad del periodista Gonzalo Rivero y del fotógrafo Tinoco que apareció ampliamente ilustrado en agosto de ese mismo año. O bien, discierne entre el texto escrito y las imágenes. Así, frente a los testimonios visuales, Miguel Ángel Berumen señala: “el estudio de las fotografías merece una metodología distinta al de los documentos escritos puesto que se trata de otro lenguaje que sin duda fortalece la interpretación del hecho histórico”. Lo cual él termina por comprobarlo con su propia práctica de reconstrucción histórica.


José Antonio Rodríguez