Cinco jóvenes estudian Medicina en la UNE y viven el suplicio de no saber de su familia

Sufren por el dolor de su país, estudiantes haitianos

Dos de ellos platican la incertidumbre en la que viven y piden no dejar solo a su país.
  • 2010-01-16•Locales

Emerson Masson y Cristin Magdalena Stimthil sufren por la tragedia que viven su familiares y paisanos
Emerson Masson y Cristin Magdalena Stimthil sufren por la tragedia que viven su familiares y paisanos

Mientras en Haití la gente está muriendo de hambre y por falta de atención médica en los hospitales, la tristeza invade a quienes desde lejos, sufren la tragedia que ha pasado en su país.

El terremoto registrado el pasado 12 de enero, además de muerte y desolación, ha dejado a esa nación al borde de un estallido social, pues no hay servicios médicos, ni agua potable, ni medicinas y tampoco alimentos.

A la distancia, oriundos de esa nación, hoy sumida en la desgracia, sufren en carne propia lo que vive su país.

Aquí, en Tampico, la Universidad del Noreste tiene alumnos originarios de Haití, que estudian la carrera de Medicina. En total son cinco y dos de ellos dieron su testimonio de la desgracia que hoy vive la tierra que los vio nacer.

Cristin Magdalena Stimthil de 20 años de edad, nació en Nueva York, pero toda su familia está en Haití y ella misma creció en esa nación del Caribe, que ha vivido un sismo tan catastrófico, como destructor, y junto con Emerson Masson, de 23 años de edad que vive en Puerto Príncipe, narra con profunda tristeza su experiencia al saber que su país está devastado.

Cristin, quien apenas hace unas semanas estuvo en Haití, está preocupada por la suerte que haya corrido su familia en el sismo que ha sacudido al mundo entero por sus dimensiones sin precedentes en esa tierra, la más pobre de América Latina.

“Tengo hermanas, primas y tíos ahí, me preocupa porque no se como están, pues no hay líneas de teléfono y al estar tan lejos, no sé cómo poder tener noticias de ellos”, acotó la joven.
Evidentemente consternada y hasta en estado de shock, dice que ha visto las noticias y que al ver tantos edificios públicos y privados, casas, iglesias completamente destruidos, siente una profunda impotencia.
Y es que el panorama de los noticieros internacionales sólo ha mostrado las huellas del sismo que ese 12 de enero, marcó un parteaguas en la historia de Haití.

Emerson Masson, su compañero que también estudia en la Universidad del Noreste, la mira con un sentimiento de tristeza. Ambos comparten su gusto por la Medicina y por circunstancias de la vida, hoy comparten también la misma desgracia.

Cuenta Emerson que el día del terremoto, su mamá le habló por teléfono a la casa donde vive en Tampico. Eso sucedió justo una hora antes de que se registrara el sismo. Pero una falla técnica en las líneas telefónicas les impidió entablar comunicación. “Yo escuchaba cómo ella me hablaba, pero mi mamá no me oía a mí y después colgó.”

Más tarde, la noticia se dio a conocer por todo el mundo y el propietario de la casa donde habita Emerson en Tampico, le dio la mala noticia.

Por correo le avisaron que no sabían nada de su madre y que mientras, su papá estaba muy grave, pero desde entonces los servicios médicos en Haití son un caos, con enfermos en la calle, sin doctores ni enfermeras suficientes. Tan sólo de cifras oficiales se sabe que son más de 50 mil muertos y 250 mil afectados por el terremoto.

Tanto Cristin como Emerson, piden que los mexicanos apoyen a su país, que hagan donaciones de víveres y agua potable, medicamentos, comida para bebé, y que acudan a los centros de acopio; que no los dejen solos.

Mario Alberto Rodríguez