Inicio

online

Todavía hay Esteban Arce para rato

Ojo por ojo

Álvaro Cueva

  • Enviar Nota
  • Imprimir
  • 2010-01-10•Acentos

La noticia más importante de los últimos días no tuvo nada que ver ni con Felipe Calderón ni con Andrés Manuel López Obrador ni con Cuauhtémoc Cárdenas, Enrique Peña Nieto o los típicos protagonistas de las noticias de todas las semanas.

Fueron las palabras dichas, hace casi un mes, por Esteban Arce en su programa Matutino Express de 4Tv.

¿Por qué? Porque así lo decidió internet 2.0 a través de Twitter, Facebook, YouTube, websites, blogs, chats y un montón más de herramientas y redes sociales.

No le tengo que recordar las palabras del señor Arce. Todo México escuchó, de sus labios, algunas de las afirmaciones más homofóbicas que jamás hayan sido transmitidas por la televisión nacional.

Fue un escándalo, pero no por la nota, por lo que sucedió en internet 2.0.

La multitud decidió que ése debía ser el tema de la temporada, que Esteban Arce era el enemigo público número uno (hasta pusieron su cara sobre imágenes de Hitler), que las instancias oficiales como la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación tenían que intervenir, y llevaron el tema a los medios tradicionales como los periódicos, la radio y la televisión.

Definitivamente estamos ante algo que se tiene que analizar porque si bien el señor Arce no hizo ninguna gracia, este fenómeno nos habla de un cambio en la manera como la gente recibe y procesa la información en la actualidad.

Y se tiene que analizar tanto desde la perspectiva del internauta como desde la perspectiva de las fuentes y los medios tradicionales si nos queremos seguir comunicando en los próximos meses, ya no se diga en los próximos años.

¿Qué es “la nota” hoy por hoy? ¿Un acontecimiento que cumple con los más elementales requisitos periodísticos o un tema que a un grupo de twitteros se le ocurrió que se tenía que discutir?

No sé usted, pero yo, hace unos días, me fui de espaldas porque aumentaron los precios de todo, nuestros políticos se la pasaron diciendo tonterías y porque nadie tenía noción ni de cómo llenar los recibos de honorarios ahora que cambiaron las reglas fiscales, y la nota, en uno de los noticiarios más importantes de la radio nacional, era “la envidia” porque eso fue lo que se le ocurrió a los twitteros.

¿Qué es la noticia hoy en día? ¿Qué es lo que la gente tiene que saber? ¿Qué es lo que le sirve a la sociedad?

¿Qué pasa cuando el público, por querer debatir genuinamente un tema tan peculiar como si Tiger Woods se ve guapo o no sin camisa, decide estar desinformada? ¡Qué!

¿Los periodistas tienen la obligación de corregir a la audiencia? ¿Le deben seguir la corriente para que no se les caiga el rating?

Internet 2.0 es la solución a muchos de los grandes problemas de comunicación de la humanidad, sólo que muy pocos mexicanos tienen acceso democrático a ella y está llena de trampas.

Por un lado hay personas que han hecho de este medio una válvula de escape para sus frustraciones y llevan ahí una vida virtual llena de popularidad y glamour que contrasta con su opacidad en el mundo real.

Por el otro, hay infiltrados de diferentes empresas, partidos y grupos cuya misión es manipular las cosas a favor o en contra de determinados intereses.

Y en medio, hay toda clase de patologías. ¡Toda!

Claro, existen miles de cibernautas honestos que comparten información a todos los niveles, pero a mí no me deja de hacer ruido que algo tan manipulable esté dictando la agenda de México y del mundo.

Es como pretender que Wikipedia, que se presta para que se digan muchas mentiras, sustituya a las fuentes documentales. Hay que meditar sobre esta revolución antes de que alcance otras dimensiones.

El detalle es que lo que menos tienen los cibernautas es disposición para meditar.

Los cibernautas no quieren leer, quieren ser leídos. No quieren ver, quieren ser vistos. No quieren oír, quieren ser oídos.

Por eso casi nadie lee más de dos párrafos, casi nadie mira más de tres minutos y casi nadie oye las grabaciones hasta el final.

Pero todos opinan, todos hablan, todos escriben, todos suben imágenes y todos quieren que se les atienda a la hora que sea como si no existiera otra vida, como si eso fuera redituable.

¿Qué fue lo que pasó con el escándalo de Esteban Arce? ¿Por qué generó lo que generó? ¿Generó algo? ¿Cómo nos vamos a comunicar a partir de ahora? ¡Cómo!

¡Atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com