Tiene como base la manipulación y la mentira
Maquiavelismo en el trabajo, cuestión de personalidad: UNAM
2010-01-02•Tendencias
La manipulación en los ambientes laborales se presenta a todos los niveles y está relacionada con personalidad, liderazgo, negociación, profesión, estatus social, poder e incluso con tendencias políticas y religiosas, afirmó Felipe Uribe Prado, profesor de la Facultad de Psicología de la UNAM.
Este fenómeno se conoce como maquiavelismo, y se presenta cuando en un ámbito de trabajo la gente manipula a los demás en busca de un beneficio, refirió.
Este fenómeno se conoce como maquiavelismo, y se presenta cuando en un ámbito de trabajo la gente manipula a los demás en busca de un beneficio, refirió.
Quien lo emplea suele utilizar comportamientos sociales como el engaño, la mentira, la trampa, agresión y un lenguaje no franco e indirecto.
Tiene que ver con hacer que otro labore para el manipulador y que los beneficios principales sean para él y no necesariamente para todos, recalcó el especialista en psicología del trabajo.
El maquiavelismo, explicó, se deriva de las reglas de poder que describe Maquiavelo en El Príncipe, que tienen como base principal la manipulación, la mentira y la crueldad, lo que le permite a un individuo tener el control sobre otros.
En realidad, aclaró, el maquiavelismo es multidisciplinario y se puede explicar desde el punto de vista sociológico, político y psicológico; por ello, es necesario marcarlo como un fenómeno más amplio y complejo, porque es una forma de pensamiento que todos los seres humanos tienen.
Las personas se circunscriben en estructuras de poder, entendidas como el acto de tener dominio sobre otro; por lo tanto, en el maquiavelismo también se genera un intercambio, no en todos los casos equilibrado.
Este comportamiento también se relaciona con la teoría evolutiva, en el sentido de que quienes sobreviven son quienes logran manipular su medio ambiente, detalló.
Desde esta perspectiva, podría afirmarse que ser maquiavélico no es malo porque permite adaptarse, modificar y, finalmente, obtener algún provecho.






