¿Para qué sirve esto?

Luis Petersen Farah

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  • 2009-12-27•Política

No es puro romanticismo eso de estudiar sólo por el deseo de darle rienda suelta a la curiosidad, ni que la educación aliente en sus pupilos la satisfacción que implica conocer, entender, situar, descubrir o verificar algo. Tampoco lo es el hecho de que la escuela provea a sus educandos de las herramientas para seguir preguntando, observando, imaginando, aventurando hipótesis, comprendiendo, tomando posturas y adquiriendo nuevas habilidades.

No es puro romanticismo porque es un real placer. Quién sabe si todo hombre tenga por naturaleza el deseo de saber, como abría Aristóteles el capítulo primero del primer libro de su Metafísica (a mí me ha tocado conocer a muchos que no se apegan a su afirmación, demasiados para ser una excepción a la regla, y no sé qué explicación podría dar el viejo griego ante nuestro legendario valemadrismo). Lo que sí creo es que todo eso que se podría llamar el juego del saber es un ingrediente básico para la vida placentera y un necesario factor de crecimiento humano que ha sido descuidado por una educación enfocada superficialmente en el trabajo.

No es puro romanticismo porque, ahora, incluso la economía exige a los profesionistas un nuevo modo de estar en el trabajo, caracterizado por la flexibilidad. Las personas y las organizaciones tienen que estar permanentemente preparadas para cambiar. Cada vez se encuentra uno menos gente que trabaja en el área que estudió y más que cambie de “carrera” durante su vida laboral porque las circunstancias así se lo piden.

Quienes hacen planes de estudio no han tenido la capacidad de reaccionar ante esta realidad que tiene una parte de vieja y una parte de nueva. Deberíamos estar ya, al menos, pensando en una preparación para la continuidad. Nunca como ahora ha sido tan cierto eso de que se comienza realmente a aprender cuando se abandona la universidad. Los jóvenes pueden reclamar a sus maestros que les hayan permitido transitar por una carrera con la expectativa de que podrán dedicarse a ella (que al menos no les echen mentiras: nadie sale preparado para un trabajo y, si es así, en cinco años ya no lo estará). Nunca como ahora ha sido tan vana la pregunta: ¿Para qué me va a servir esto? La única respuesta posible es: “Para nada muchacho, salvo para que te diviertas y sepas cómo es eso de conocer, pues para empezar nadie sabe a qué te vas a dedicar”. El mundo actual está organizado así. Para algunos es una tragedia. A mí se me hace muy interesante.

luis.petersen@milenio.com