Hoy se cumplen 50 años de su muerte
Reyes y su pasión por la pintura
2009-12-27•Cultura
Para Alfonso Reyes el arte siempre fue parte de su vida cotidiana. “En los muros de la Capilla Alfonsina cuelgan algunos de los óleos, dibujos, grabados que Reyes pudo adquirir o que le fueron obsequiados a lo largo de su vida. Obras de Angelina Beloff, Diego Rivera, Julio Ruelas, Manuel Rodríguez Lozano, Ángel Zárraga, Roberto Montenegro, Daniel Vázquez Díaz, Foujita, Max Aub, José Moreno Villa, Pedro Coronel, Federico Cantú, Cándido Portinari, Dimitri Ismailovitch, Ismael Nery, Rafael Barbieri, entre otros artistas, muestran la amplitud de gustos de Reyes en este campo”, refiere Héctor Perea, escritor e investigador literario.
De 2006 a 2009, Perea realizó la curaduría y el montaje de la exposición itinerante Alfonso Reyes, el sendero entre la vida y la ficción, en donde se exhibió por vez primera al polígrafo regio como conocedor, comentarista y coleccionista de arte. A partir de esa experiencia y con el amplio conocimiento que ha ido adquiriendo sobre el escritor (se ha especializado en Reyes desde hace tres décadas), el investigador del Centro de Estudios Literarios del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, escribió el libro de ensayos Ojos de Reyes, que recientemente publicó la Dirección de Literatura de la UNAM.
“Reyes vio tanto en la crónica periodística como en el arte, los complementos necesarios de la vida cultural en mayúsculas. Creo que él no podía pensar que existieran los estudios sobre la cultura griega que había hasta ese momento, sin considerar esas partes sensibles en la vida del ser humano. Para Reyes, la vida cotidiana era arte y el arte era parte de su vida cotidiana”, distingue Perea.
En 1924 se publicó Calendario, libro de Reyes que incluye el ensayo “Contra el museo estático.” Desde el punto de vista de Perea, Reyes con este texto se convierte en un visionario al adelantarse a su tiempo y hablar de los avances tecnológicos en 3D. “Simplemente atando cabos, acaso sin pensar en que la tecnología o la ciencia pudieran estar en ese nivel, llegó a esa conclusión. Una mente tan lúcida como la Reyes podía ver con profundidad y ligereza hacia el pasado, y así mismo proyectar sus ideas. En ese texto, aborda el tema del museo dinámico, y cuando habla de los jarrones chinos piensa en la imagen proyectada del artesano en el momento de elaborar la pieza, misma que imagina se reflejará en 3D”.
Según el investigador literario, Reyes lamentaba que la crítica no hubiera contado con las herramientas filosóficas para estudiar a fondo el arte; y que, a su vez, la filosofía careciera de conocimientos precisos, de orden técnico, para entender el arte. Al preguntarle a Perea qué herramientas habría necesitado el autor de Visión de Anáhuac, comenta: “Para ejercer la crítica, yo creo que él se basaba en las lecturas de su momento como Taine, Ruskin y Pater; también le gustaba leer a Leonardo Da Vinci. Sin embargo, creo que Reyes se hubiera identificado con la forma de abordar el arte con la vida, y la vida en el arte como lo hace John Berger. Hay que recordar que como lo hizo en su crítica de cine y en sus notas sobre la pintura mexicana, Reyes parte de una anécdota que le descubre un pequeño destello vinculado al arte, como lo muestra Berger, para después dar una visión social, política y, sobre todo, emocional del arte”.
Así Reyes, unas veces al adquirir obra y otras por obsequio de los pintores, fue haciendo una selecta colección de arte en la que fue su biblioteca y hoy se conoce como la Capilla Alfonsina.
Territorios del arte
En el Museo Nacional de Arte (Tacuba 8, Centro Histórico) se presenta Alfonso Reyes y los territorios del arte, exposición en la que Héctor Perea participó —junto con Raquel Tibol— como asesor curatorial. En la muestra se da cuenta de las relaciones del escritor con artistas plásticos nacionales e internacionales. Se puede apreciar desde un lienzo de Robert Delaunay del Museo de Arte Moderno de Nueva York hasta un Goya de la Hispanic Society de Nueva York. Permanecerá abierta hasta el 14 de febrero de 2010.






