Nuestro regalo de Navidad: ¡Pónganse de acuerdo, señores!
La Semana de Román Revueltas Retes
Román Revueltas Retes

Foto: Javier García
La obligada alegría de la temporada debiera imponernos a los columnistas una auténtica prohibición de temas desagradables. Ocurre, sin embargo, que no paran los asesinatos, que no paran las noticias malas y que en estas fechas, precisamente, pueden suceder catástrofes espeluznantes como aquel tsunami que, hace cinco años, se cargó a 250 mil almas. Ah, y la gente —por más que el reno asome la nariz roja o que Papá Noel haya desembarcado en casa gracias a la tarjeta de crédito—, la gente, repito, no anda de ánimo para celebraciones cuando el despido está a la vuelta de la esquina o se ha consumado, peor aún, la realidad del desempleo.
Pero, regocijémonos, alborocémonos y contentémonos: la recesión, por lo que parece, es cosa del pasado inmediato. O sea, que una vez que hayamos vencido la cuesta de enero comenzaremos, en lo particular y en lo colectivo, a paladear de nuevo las mieles del crecimiento económico. Hay, además, un elemento verdaderamente esperanzador en el escenario nacional: el decálogo de reformas propuesto recientemente por Felipe Calderón representa una auténtica oportunidad de cambio. Los mexicanos nos encontramos así, por vez primera en muchos años, ante la posibilidad de que este país comience a recorrer más rápidamente el camino hacia la modernidad. La responsabilidad de la clase política, en este sentido, es colosal. Será también monumental, ahí si, la decepción de los ciudadanos cuando comprobemos, una vez más, que los intereses partidistas —es decir, el descarado sabotaje de cualquier iniciativa que pueda rendir beneficios electorales a la agrupación política del presidente de la República— se sobreponen al bien de la nación.
No hemos podido, aquí, celebrar una verdadera alianza entre los diferentes actores políticos. No nos sirve el ejemplo de la Concertación de Partidos por la Democracia, esa coalición de agrupaciones de centro e izquierda moderada que ha gobernado Chile desde 1990. El Partido Demócrata Cristiano y el Partido Socialista decidieron, en su momento, renunciar a sus posibles provechos de grupo y se pusieron a trabajar juntos para conformar un Gobierno eficaz, un Gobierno de resultados y logros. Tampoco nos impresiona demasiado el experimento de la transición española ni nos convence el hecho de que, hasta hace poco, gobernaran, en Alemania, los representantes de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y del Partido Socialdemócrata (SPD) en una asociación perfectamente equilibrada luego de las reñidísimas elecciones de 2005: el Bundestag, el Parlamento alemán, determinó que Angela Merkel fuera nombrada canciller y que sus directos opositores obtuvieran 8 de los 16 puesto del Gabinete. El único antecedente que tenemos aquí de parecida cohabitación es el cargo de Procurador General de la República que ocupó Antonio Lozano Gracia, distinguido miembro del Partido Acción Nacional, en el Gobierno de Ernesto Zedillo.
Se me ocurre, entonces, que nuestra exigencia de ciudadanos —en esta temporada navideña de generosidades, ofrecimientos, ofrendas, promesas, fraternidades, concordias y armonías— podría dirigirse a los partidos políticos para que —a la manera de los chilenos, los españoles y los alemanes— celebren una gran alianza nacional. Dicho en otras palabras: señores diputados y señores senadores, ¡pónganse de acuerdo! ¡Entiéndanse, comuníquense, júntense y auxíliense! Finalmente, todos son mexicanos y todos viven en el mismo país. Si no lo hacen, si siguen como están, México no tiene futuro ni cabida en el concierto de las naciones modernas. Hemos perdido ya mucho tiempo y muchas oportunidades. Y no pueden ustedes invocar, en su condición de representantes de los ciudadanos, el amor que dicen sentir por México si no son capaces, al mismo tiempo, de olvidar los mezquinos beneficios de la politiquería resultadista. Ése, el tener un Congreso de la Unión conformado por individuos capaces de entenderse de manera inteligente y civilizada, podría ser el mejor regalo de Navidad que nos hayan dado en muchísimo tiempo a los mexicanos. Para como están las cosas, además, debiera ser una acción casi obligada. Pues eso.


