Lo tienen muy claro

Interludio

Román Revueltas Retes

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  • 2009-12-23•Al Frente

Solía yo encontrarme, en el café habitual de mi antiguo barrio, con uno de los príncipes de nuestra Iglesia, personaje elegantísimo y refinado aparte de inteligente. Llegaba el hombre en su Mercedes-Benz cosa que a mí, con perdón, me sigue pareciendo perfectamente apropiada porque cuando uno deja de ser simple cura de pueblo hay que darse su empaque y su nivelito, faltaría más.

Los parroquianos le rendíamos un reverencial respeto a Monseñor; esa gente, es bien sabido, tiene línea directa con Dios y grandísimas potestades. Un día, sin embargo, se me ocurrió hacerle la siguiente observación: si Jesucristo es, en esencia, el emisario del amor y la compasión ¿no sería, hoy día, el primerísimo en tomar en sus brazos a los homosexuales y las lesbianas siendo que estos individuos afrontan, muchas veces, todas las durezas de la exclusión? Y, además ¿no es la Iglesia el refugio natural de los perseguidos?

Esperaba yo una respuesta obligadamente sofisticada porque mi razonamiento, creo yo, no tiene fallas de origen. Pero Monseñor no tuvo necesidad de recurrir a sofismas elaborados. Su argumento fue de una avasalladora y contundente simplicidad: la homosexualidad, me dijo, es algo antinatural. Dicho en otras palabras, va contra la ley de Dios. Los gays, en consecuencia, no sólo no pueden reclamar ningún trato preferente sino que deben de renunciar, por cuenta propia, a su condición de pecadores. Y, justamente, ya lo acaba de remachar otro de nuestros santones, esta vez desde el Vaticano: los homosexuales no irán al Cielo.

Si algo me queda claro de todo esto es que las instituciones —y la Iglesia, como los partidos políticos, es una de ellas— se deben fundamentalmente a los dogmas. No hay que buscarle más: el dogma es indiscutible, irrebatible, incuestionable e irrefutable. Y así, en lo que se refiere a los invertidos (utilizo este rancio terminajo, tan socorrido en el habla de los conservadores, por pura perversidad), no deben aspirar a tener los mismos derechos que los demás. Ni hablar del matrimonio. Es más, ni del Seguro Social. Pues eso. Y nada más.

revueltas@mac.com