Metáforas acerca de Dios /1

Héctor Tajonar

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  • 2009-12-23•Acentos

Nombrar a Dios o sus atributos es un fascinante ejercicio intelectual practicado por filósofos, poetas, teólogos y místicos de todas las culturas a lo largo de la historia, surgido de la aspiración por conocer, intuir o sentir al Ser Supremo, a pesar de la limitación de la mente humana para concebirlo.

El Tao que puede nombrarse no es el verdadero Tao —afirma Lao Tsé. Esta misma idea la expresa así el Maestro Eckhart: Nada de lo que podamos decir de Dios es verdadero. La dignidad y perfección de Dios no pueden decirse en palabras. De ahí que el místico alemán opte por la paradoja para intentar explicar el misterio del Absoluto: ¡Oh hundimiento insondable, en tu profundidad eres altura y en tu altura profundidad!

Dios en su perfección e infinitud es inefable. Entender a Dios infinito es, primordialmente negar en Él cuanto nos rodea en este nuestro mundo de la finitud, afirma Ramón Xirau (De mística, p. 37.) Ello coincide con la vía negationis postulada por Tomás de Aquino como una de las tres formas para acceder al conocimiento del Uno: al no poder conocer lo que Dios es, sólo podemos saber lo que Dios no es. Las otras dos vías que propone el autor de la Summa Teológica para aproximarse al conocimiento de la Divinidad son: La via causalitatis, Dios como Causa primordial de todo lo existente (la Causa incausada o el Motor inmóvil, de Aristóteles), y la via eminentiae, mediante la cual se le atribuyen a Dios las perfecciones de las criaturas finitas, en grado supremo.

En Occidente, la expresión primigenia de esa vía para entender a Dios la encontramos en el pensamiento de Platón, quien identifica al Ser Absoluto con la Idea del Bien, sol de la inteligencia, en la cual están incluidas la verdad y la belleza supremas: Lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien… causa de todas las cosas rectas y bellas. (La República, Libro VII, Gredos, p. 342)

La única manera en que podemos hablar de Dios es a través de analogías, sólo podemos aproximarnos a Él mediante semejanzas, imágenes o paradojas, elementos constitutivos de la metáfora.

“Quizá la historia universal es la historia de unas cuantas metáforas”, escribió Borges al reflexionar sobre la representación de Dios como esfera infinita, tomada del Libro de los veinticuatro filósofos, texto anónimo del siglo XII, que recoge veinticuatro aforismos sobre Dios. El segundo de ellos dice así: Dios es una esfera infinita cuyo centro se halla en todas partes y su circunferencia en ninguna. (Editorial Siruela, p. 47)

En el ensayo La esfera de Pascal, Borges hace un recuento de las diversas expresiones que ha tenido esa bella y profunda sentencia en la historia del pensamiento occidental. En sus Diálogos con Ernesto Sábato, Borges dice: “La idea de un ser perfecto omnipotente, todopoderoso es realmente fantástica.” Sábato le pregunta: ¿Por qué, si no cree en Dios, escribe tantas historias teológicas?, a lo que Borges respondió: “Es que creo en la teología como literatura fantástica. Es la perfección del género.” (Ramón Xirau, Poesía y conocimiento, p. 49) A pesar de su confesa incredulidad, Borges es autor de poemas, cuentos y ensayos en los que el misterio de Dios es una presencia protagónica, como en “Ajedrez” (El hacedor, p. 81)

Dios mueve al jugador y éste la pieza.
¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza
De polvo y tiempo y sueño y agonía?

Cuentos como “El Aleph”, “La escritura del Dios” o “Los teólogos” (1971) pueden leerse como interpretaciones sobre “la insondable divinidad”; lo mismo que los poemas “Para una versión de I King” (1976) o “Alguien sueña” (Los conjurados, 1985), del que cito la primera y última frases: ¿Qué habrá soñado el Tiempo hasta ahora que es, como todos los ahoras, el ápice?... Ha soñado que Alguien lo sueña.

Relaciono este último poema de Borges con uno de Octavio Paz titulado “Hermandad” (homenaje a Claudio Ptolomeo), que termina así:

las estrellas escriben.
Sin entender comprendo:
también soy escritura
y en este mismo instante
alguien me deletrea.

¿Quién es ese alguien, no será Dios? —le pregunté un día a Octavio. Me respondió: “¿Por qué no?, el Todo. Pero yo me niego a definirlo, me niego a extraer conclusiones dogmáticas o filosóficas de un poema”.

Borges y Paz, dos poetas agnósticos atraídos por lo sagrado, acaso invadidos por lo que George Steiner llama nostalgia del Absoluto. Hay otros, como José Lezama Lima, para quien la fe no es sólo una forma de conocer sino de verdadero y auténtico conocimiento: “creo porque es absurdo”. (R. Xirau, Dos poetas y lo sagrado, p. 62) Feliz Navidad.

hectortajonar@yahoo.com.mx