Apaga y vámonos

En tres patadas

Diego Petersen Farah

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  • 2009-12-01•Al Frente

Si la ciudad del futuro es Valle de Santiago en Zapotlanejo, apaguemos la luz y vámonos. Lo peor que le puede pasar a Guadalajara ahora es invadir otro Valle (o barranca) y crecer más para los lados. Los promotores del proyecto en Zapotlanejo plantean que Valle de Santiago no será parte de Guadalajara sino “otra ciudad”, ahora del otro lado de la barranca. Hacer una ciudad media a media hora de Guadalajara es una quimera, terminará siendo como lo Tlajomulco o Tesistán: un barrio (ni siquiera ciudad) dormitorio con todos los problemas que eso trae consigo en términos de servicios , movilidad, seguridad, etcétera.

Más allá de la apuesta de los desarrolladores (finalmente el mercado terminará decidiendo si la apuesta que están haciendo es viable) no es este tipo de proyectos lo que le conviene a la ciudad. Guadalajara tiene que redensificarse y lejos de crear ciudades dormitorio acercar el trabajo y el esparcimiento a la vivienda. No es gratuito que los tapatíos tengamos como referencia la calidad de vida de la ciudad en los años sesenta y setenta, que fue cuando llegamos al máximo de densidad. A partir de los años ochenta la ciudad creció más para los lados proporcionalmente a lo que creció en habitantes, con la consecuencia lógica y brutal: aumentó brutalmente el número de automóviles hasta convertirnos en la ciudad con más vehículos por habitante en Latinoamérica.

Zapotlanejo está buscado desesperadamente vincularse a la zona metropolitana de Guadalajara como una forma de asegurar su desarrollo económico. No es gratuito: solo diez de los 125 municipios del estado están creciendo en población (y por tanto económicamente) y son los que están en, o pegados a, las zonas urbanas. Si el desarrollo urbano de Zapotlanejo repite los mismos errores que se cometieron en Tlajomulco lo que vamos a tener no es una solución urbana para Guadalajara y económica para Zapotlanejo sino un dolor de cabeza para ambos y, sorpresa, terminará costándonos a todos.

Guadalajara tiene que redensificarse. Acercar el espacio de habitación con el trabajo y los servicios (una buena explicación de esto puede verse e la exposición, muy recomendable, Guadalajara Intensa en el Museo de la Ciudad). Lo peor, en términos de calidad de vida, es la dispersión. Si seguimos apostando por ahí (Tlajomulco II, III o IV) lo único asegurado es el tráfico y una ciudad no sustentable. Si ese es la camino ahora si que, como dice Ana Belén, mejor apaga y vámonos.

diego.petersen@milenio.com