Crónica: Clausura del hotel Madrid. Presunta explotación sexual de menores

Sexoservidoras, “en espera de un milagro”

Lamentan el cierre de lo que llaman su centro de trabajo, luego de que la PGJDF determinara que el inmueble era utilizado para abusar de infantes. Estudian aplicar la Ley de Extinción de Dominio.
  • 2009-11-30•DF y estados

Foto: Mónica González

La Barbie, La Maga y La Chiapaneca lucen tacón de punta y labios rojo carmín. Acaban de salir de la Parroquia de San Pablo Apóstol. Están seguras de que la Virgen de San Juan de Los Lagos y la del Perpetuo Socorro les cumplirán un milagro: que Marcelo Ebrard les vuelva a abrir las puertas del hotel Madrid.

Se trata de uno de los inmuebles que el Gobierno del Distrito Federal cerró para aplicar la extinción de dominio, porque en ese lugar presuntamente se cometió el delito de trata de personas.

Aunque las tres sexoservidoras lo nieguen: “No somos unas santas, pero nos cerraron nuestro principal centro de trabajo y hasta se cayeron las ventas en la zona, cerró una cafetería y una tienda de abarrotes y nuestros clientes desaparecieron”.

Antes de que la Fiscalía para Delitos Sexuales colocara sellos en la entrada principal del hotel ubicado en la calle Topacio número 15, colonia Centro, a cualquier hora del día decenas de miradas masculinas se entregaban a placer para elegir a la mejor de las sexoservidoras.

El Moreno, que comerciaba pantalones para dama a las afueras del inmueble asegura que de las más solicitadas por los clientes “sin dudar era La Barbie, que todavía no ponía un pie en la calle cuando un cliente la volvía a meter al hotel porque está re chula la condenada, ojo verde y cuerpo de sirena”.

Pero los encantos de La Barbie y de sus compañeras del oficio más viejo del mundo, dejaron de apreciarse en el lugar al ser colocados los sellos de clausura en el inmueble que, a decir de la Procuraduría de Justicia está “sujeto a procedimiento de extinción de dominio de acuerdo con la ley en la materia publicado en la Gaceta Oficial el 8 de diciembre de 2008, bajo la averiguación previa FDS/FDS-6/0022/09-01 de la Fiscalía de Delitos Sexuales”.

“Con esa acción nos pasaron a romper la madre a todos, no sólo a ellas”, dice Carlos, uno de los trabajadores del negocio Calzado Cariño, donde “las muchachas venían a pintar sus artículos de piel o a que les pusiéramos tapitas a sus tacones”.

Los del restaurante Córdoba, que hace esquina con Topacio y San Pablo, tuvieron que abaratar sus precios: “Cenas de a 30 pesos y consomé de camarón, arroz y mojarra frita con postre, 65 pesos”.

El caso del hotel Madrid está en manos del Tribunal Superior de Justicia del DF, como parte de la demanda de extinción de dominio luego de que un operativo policial que llevó a la detención de al menos 30 de personas que se encontraban en el lugar.

En abril pasado el procurador general de Justicia del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, detalló que reúnen los datos necesarios en materia de límites, colindancias y registro público, para proceder con la confiscación.

Horas después de que se diera luz verde a la Ley de Extinción de Dominio, agentes de la PGJDF irrumpieron en dicho hotel la madrugada del pasado 14 de marzo, donde fueron aprehendidas varias personas por el delito de trata de personas.

Días después personal de la PGJDF comenzó a recabar pruebas para demostrar que tanto ese hotel como otros inmuebles asegurados la madrugada del viernes en la zona de La Merced eran utilizados para explotar sexualmente a menores de edad. Además del Madrid también fueron asegurados el hotel Universo y el bar Capricho ubicados en Topacio y Circunvalación.

Los judiciales que aún resguardan los inmuebles explicaron que en el caso del hotel Madrid, que no tiene alguna denominación social visible, aunque sí un letrero con la leyenda “se prohíbe la entrada a menores”, funcionaba como baños públicos, por lo que el inmueble fue acondicionado para recibir sexoservidoras y sus clientes.

Al igual que en el bar El Capricho, que se encuentra a unos metros, se obligaba a jóvenes a prostituirse, según la PGJDF, razón por la cual se colocaron sellos en sus puertas, en los cuales se advierte que están “sujetos a investigación”.

“Por mucho que sigan rezando las muchachas, está cabrón que vuelvan a trabajar en ese lugar”, comentaron los agentes.

Rodolfo Montes