Crónica:
“No te me rajes otra vez”
2009-11-30•DF y estados
Frente a frente. Los seguidores de Clara Brugada sobre la calle Ayuntamiento y los de Rafael Acosta, Juanito, en el rincón de la explanada delegacional, es decir, posesionados del edificio de gobierno en Iztapalapa. Se miran de lejos y los primeros, dueños de un sonido más potente, lanzan amenazas cifradas y no tanto. Ambos grupos saben que la violencia no les favorece.
En medio de los dos grupos una valla de cerca de 50 granaderos espera. Otros tantos vigilan el interior de las instalaciones y saben de legalidad: dejan entrar y salir como Juan en su casa a Juanito. “Él es el jefe delegacional”, dice uno de los uniformados.
Juanito luce un rostro rosa. Dice que durmió en uno de los sillones preferidos de Clara Brugada y que se bañó con agua de garrafón. Jura que de ahí nadie lo saca. Lo cierto es que en los corillos de sus seguidores sentados bajo un toldo blanco —alrededor de 100 personas que son controladas lista en mano—, igual que en el otro grupo, se discute, se habla.
Una mujer: “Pues si dicen que un tercero hay que verlo, no vayan a meter a uno de los suyos” (del grupo de Clara). Otra mujer: “Sí, no les vamos a dejar nada”. Un hombre que cree tener la razón del mundo: “Si esa es la
salida, vamos un tercero: ni él ni ella”.
Acosta lo desliza: “Me dan el Instituto del Deporte”. Se intuye que sólo un puesto para él salvará todo. Ríe y no suelta prenda. Lleva una playera que dice “Bienvenido, Juanito nuestro delegado” y la foto de él sentado en el escritorio en disputa.
“Juan Charrasqueado no te me rajes otra vez”, grita un hombre a Juanito, que como siempre se deja querer por los medios. Lo cuidan unos hombres vestidos de traje negro que más que guaruras tienen cara de evangelistas. Su rostro es diferente al de un día antes, cuando lo corretearon dos veces mujeres tubo en mano.
Del otro lado están los seguidores del llamado gobierno popular y todo lo que ello signifique. Se escuchan arengas setenteras como esa de “el pueblo unido, jamás será vencido” y consignas como la de “Zapata vive…” de la valla de policías para acá se siente un ambiente preinsurreccional. Claro y todo lo que esto signifique. Tanto que le reclaman a Juanito haber “asaltado la sede del poder popular”. Uno se siente afuera de La Moneda en plena Bastilla. Bueno.
Para darle más sabor a la foto, el mitin de Clara Brugada se hizo cerca de una gran carpa donde esperan decenas de adultos mayores. Coincidencia o no ellos fueron citados para hacerles entrega de su tarjeta del adulto mayor. No hubo tal.
Al filo del mediodía llegó la Brugada vestida de blanco. Se subió a una camioneta y desde ahí gritó “esto no va a durar mucho”, les dice segura a sus escuchas. Y al igual que López Obrador todo lo consulta a mano alzada, pues sabe que su masa a todo dice “¡sííí!”. Lanza su mirada a esa masa que ya pasó por la lista y les dice: “Si quisiéramos, en cualquier momento recuperamos la delegación…”. Los mira, los mide. Calcula, toma el pulso para una futura acción. Después marcha a caballo por las calles.






