Fox y Calderón
Federico Berrueto

Territorio común. Noviembre de 2009. Foto: Octavio Hoyos
Vicente Fox resultó ser extraordinario candidato, mediocre Presidente y mal ex presidente. No fue menor derrotar al PRI; sin embargo, su gobierno será visto como oportunidad perdida; el entorno, la coyuntura y el relevo de administración le fueron privilegiadamente favorables, pero el gobierno se malogró por las carencias políticas e intelectuales de un hombre a quien la historia llamó a la puerta. Fox se arrogó el derecho de hacer lo que el PAN había repudiado de los presidentes tricolores. Consideraba que como ya había democracia, en su caso sí eran permisibles el uso partidario del poder presidencial y la aplicación discrecional de la ley, presente en la investigación del Pemexgate o el fallido intento de someter a proceso penal a López Obrador.
En una espléndida entrevista en Madrid, por José Antonio López para MILENIO, Fox dijo que los panistas están coyoteando, no dejándose ver mucho en la disputa por la candidatura. Expresiones semejantes fueron para Beatriz Paredes y Manlio Beltrones. Reconoció que Peña Nieto lleva ventaja, pero, en su opinión, podría serle contraproducente. Calificó a la izquierda de desdibujada y cuestionó si Ebrard se va a dejar ganar la partida por López Obrador. A la mitad del camino de Calderón, es claro que Fox, ahora pretendido analista y consultor político, es subvertido por el militante.
Por su parte, el presidente Calderón en una muy interesante entrevista que Mario Vázquez Raña de Organización Editorial Mexicana le hiciera, en la pregunta sobre el escenario a 2012 y un eventual fracaso para que el PAN retuviera la Presidencia, el Presidente respondió que le gustaría que su partido tuviera la capacidad para convencer a los electores, pero que no es su obsesión. Dijo: “La verdad que jamás podré sentir como fracaso ninguna decisión que provenga de los ciudadanos de manera legal, equitativa y democrática”.
Al menos en las palabras, la diferencia entre el Presidente y el ex presidente es monumental. En realidad Fox nunca ha dejado de ser candidato, Calderón, por fuerza y circunstancia, tiene que asumirse en la investidura que ostenta, más si es el caso de que los partidos, el Congreso y los gobernadores procedieran a una reforma en materia económica. La construcción del terreno común inicia en la Presidencia, espacio indispensable para el consenso. Una presidencia militante, como la de Fox, conspira contra el acuerdo nacional, más si el Ejecutivo no tiene mayoría parlamentaria.
A mitad del río el balance del gobierno actual es negativo. Una reforma trascendente en materia hacendaria no hace la diferencia, pero sí puede significar un punto de partida para el país y un juicio menos severo a la administración en curso. La cuestión es si el presidente Calderón, Beatriz Paredes y el senador Beltrones están dispuestos a una propuesta federalista, abandonar el debate sobre el IVA centralizado y remitir a las entidades las atribuciones recaudatorias que la coordinación fiscal de los 70 les arrebató. El nudo gordiano de las reformas imposibles en materia fiscal y cambio estructural pueden encontrar salida en el ámbito local, dejar que los Congresos locales resuelvan y definan tales menesteres; el Congreso de la Unión ha mostrado incapacidad para los cambios que el país requiere. La cuestión es si hay tiempo, voluntad e inteligencia para tejer un acuerdo de tal naturaleza.
Es difícil que se revierta la pobreza y la inseguridad. Llevará tiempo y persistencia, pero, sobre todo, una respuesta estructural que no se está dando. El principio puede ser la reforma hacendaria, aunque la reforma electoral requiere de correcciones fundamentales como es echar atrás la restricción de las libertades; a manera de ejemplo, es inaudito que se penalice la libertad de expresión derivada de la publicación de encuestas, una actitud deplorable de los políticos hacia la sociedad y los medios de comunicación.
Resulta paradójico que a Fox le preocupe el futuro y al presidente Calderón el presente. Es difícil que se repita la historia de 2006, salvo que el PRI presentara un candidato tan impresentable como Madrazo y AMLO y recuperara la fuerza que tuvo en el pasado. Hasta hoy el PAN no tiene candidato visible. Es convincente la declinación de Gómez Mont, aunque es cuestionable decir que no tiene los atributos para ello; si así fuera, tampoco los tendría para ser secretario de Gobernación, lo que no ha sido el caso.
Los prospectos de candidatos panistas merecen expresiones más comedidas que las de Vicente Fox. Aun así, debe decirse que frente a los problemas del PAN de Germán Martínez y César Nava, el prestigio de Fox entre los militantes panistas mantiene vigencia; el pasado idealizado de Fox le da influencia en la disputa coyoteada por la candidatura presidencial, frente a las menguadas cuentas electorales del calderonismo. Empero, el triunfo del PAN en Puebla pudiera significar el oxígeno que requiere entre los suyos Calderón.


