¿Qué le pasó a Felipe Calderón? /I
La historia en breve
Ciro Gómez Leyva
Para que Felipe Calderón terminara de ganar y Andrés Manuel López Obrador acostara la reina, se requería de un ejército de liberación. Quién iba a decir que lo formarían Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa, el Niño Verde, Rosario Green, César Camacho, los malos de tantas películas, los Boris Karloff de la política nacional que esa mañana del viernes 1 de diciembre de 2006 protagonizaban el papel de profesionales que llegaban al Congreso a cumplir su palabra y responsabilidad.
Fue perfectamente natural, y justo, que apenas terminara de leer el juramento en la tribuna tabernaria, Calderón estirara la mano derecha para decirle “gracias” a Beltrones.
—Y yo le tendí la mano al Presidente de México —dijo el líder de los senadores del PRI—. Creo que vale la pena que le apostemos a trabajar juntos.
Una metáfora de lo que vendría. El ya Presidente de la República salió por la puerta de emergencia, se fue al Auditorio Nacional, recuperó la respiración y comprometió:
•empleos para frenar la migración, fortalecimiento de la economía interna, creación de infraestructura, reorientación del gasto para apoyar a pequeñas y medianas empresas, ampliación de la cobertura de Oportunidades y el Seguro Popular, revisión de programas “que no han contribuido a reducir la pobreza”, fortalecimiento y depuración de las policías, un sistema nacional de información criminalística, disminuir los salarios de los altos funcionarios, una reforma electoral para hacer menos costosa la democracia.
Enredado en los símbolos de López Obrador (como escribió al día siguiente Carlos Puig), Felipe Calderón se lanzaba a la mar. Se veía en forma.
Siete de cada diez mexicanos anunciaban que, de alguna manera, zarpaban con él.


