El problema de verdad...

Visor Internacional

Alberto Peláez

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  • 2009-11-22•Fronteras

Durante muchos años, el terrorismo de ETA fue la gran preocupación de los españoles. Las encuestas del CIS —Centro de Investigaciones Sociológicas— que depende del gobierno de turno, siempre ha colocado al terrorismo como el problema más acuciante.

Sin embargo en los últimos meses, ETA ha sido desplazada por un problema más inmediato: el desempleo. Después le sigue la inmigración. La crisis económica también está por encima del terror.

Me alegra darme cuenta que estamos desplazando al terrorismo, al menos, de nuestras conciencias. Claro que, esto es pan para hoy y hambre para mañana. Los problemas globales económicos son muy profundos. Sin embargo, y siendo estructurales tienen un fin que se resolverá más temprano que tarde. España saldrá después que otros países de la crisis pero terminará saliendo. Llegará un momento que el paro dejará de sumar y comenzará a restar. Lo mismo la venta de inmuebles y el enfriamiento de la economía.

Pero no estoy tan seguro que ocurra lo mismo con el terrorismo etarra. Hace más de diez años que escucho —que yo mismo digo— que ETA está en las últimas, que se encuentra en los estertores, que se muere irremisiblemente. Hace un lustro que los visionarios y politólogos y especialistas y expertos en la materia, vaticinaron el principio del fin de ETA. Pero no es así. Nos quedamos en ese principio. No avanzamos. No vemos el momento, la fecha para decir que ETA está muerta.

Es cierto que los golpes que le han asestado han sido muy profundos. Parece el puñetazo del púgil que quiere noquear, el boxeador que pretende golpear hasta la muerte. Pero hay que reconocer que los terroristas —en ese sentido— son duros. Se levantan tantas veces cuantas le golpean.

En los últimos diez años se ha descabezado a ETA en ocho ocasiones. Han desarticulado a decenas de comandos, han estrangulado sus finanzas y han abortado muchos atentados. Pero ni por esas. La serpiente ha sabido reptar sorteando los golpes. Claro, que no es la misma. Está golpeada y mucho. No tiene la capacidad de maniobra que tenía otrora. Pero continúa luchando. Por eso, cuando veo que a los españoles ya no les preocupa el terrorismo de ETA es porque hemos bajado la guardia. Y la hemos bajado porque en los últimos años ETA ha cometido atentados en muy pocas ocasiones. Y lo han hecho por un motivo, porque los servicios secretos y las fuerzas de seguridad del Estado les pisan los talones. Pero eso no quiere decir que desaparezca ETA, ni mucho menos. Todavía le queda mucha guerra que dar.

Sus atentados son ahora menores en cantidad pero mucho más precisos. Ahora ETA goza del beneplácito y la “ayuda” de muchos padrinos que no le van a dejar en la estacada. Porque el terrorismo global se mueve del mismo modo: Es connivente y vive a través de vasos comunicantes. ETA encaja perfectamente en ese engranaje. Es más. Es un eslabón más.

Por eso, aunque le corten la cabeza una vez más, volverá a crecerle. Es como la cola de los lagartos, que sale con facilidad. Por eso no creo que el problema etarra, sea algo terciario durante mucho tiempo. Aunque el Gobierno de Rodríguez Zapatero siga con su mano dura, ETA continuará atacando y lo hará donde más duela: arañando las entrañas del Estado democrático. Hace cincuenta años que nació el terrorismo etarra. No veo todavía su epitafio ni nadie se atreve a escribirlo. Sería demasiado arriesgado.