Latitudes

Suiza: de lo neutral a lo diverso

La nación helvética ha sido célebre por neutral, por alternar idiomas y por ser llamada con cinco nombres oficiales.
  • 2009-11-22•:masaficion

La estrella suiza, Ben Khalifa, cuya madre y hermano viven todavía en Túnez
La estrella suiza, Ben Khalifa, cuya madre y hermano viven todavía en Túnez Foto: Sunday Alamba | AP

Un chileno desborda con su negra cola de caballo rebotándole en la espalda (se apellida Rodríguez); al centro, recibe balón el espigado capitán cuyos padres nacieron en Kosovo (apellido Veseli); trazo largo al ofensivo de procedencia tunecina (se apellida Ben Khalifa); centro al área en donde busca rematar el atacante que también tiene pasaporte bosnio (apellido Seferovic).

Bajo esa multicultural fórmula, con esa combinación de razas, con esa ensalada de minorías, Suiza ha logrado su primer título mundial, al coronarse en la Copa del Mundo Sub-17.

La nación helvética ha sido célebre por neutral, por alternar idiomas y por ser llamada con cinco nombres oficiales (en latín Confoederatio Helvetica, en alemán Schweiz, en italiano Svizzera, en francés Suisse y en romanche Svizra).

La diferencia, en todo caso, es que antes se trataba de la integración de culturas y lenguas de Europa occidental, y ahora la diversidad alcanza puntos tan remotos del planeta como Sudamérica, el África subsahariana y los Balcanes.

De los 21 jugadores que han dado a este pequeño país el trofeo, 13 tienen sus raíces más allá de las fronteras.

CADA PAISAJE, UNA POSTAL

Es agosto del 2003 y nos encontramos en Zurich, Suiza, dando cobertura a la Golden League de atletismo, en la cual Ana Gabriela Guevara ha ganado el primer sitio en todas las etapas.

Cada minuto se antoja parar de trabajar, bajar del coche, interrumpir la conversación, a fin de sacar la cámara fotográfica y retratar los bellos paisajes suizos o simplemente observarlos con atención.

Al fondo lucen imponente los Alpes; a un lado vemos unos cristalinos canales; al otro costado, corre majestuoso el río Limmat; adonde nos movamos, aparece el tranquilo lago Zurich. Por doquier, vegetación, árboles, colinas.

Si a eso añadimos la arquitectura señorial y el orden en cada calle, entonces tenemos una ciudad perfecta… Tan perfecta que a algunos les puede parecer aburrida.

Cuando se trata de festejos futbolísticos, está prohibido hacer sonar el claxon; los centros nocturnos deben estar lo suficientemente alejados para no perturbar el orden; todo tipo de manifestación (incluso si se busca promover la paz) ha de ser autorizada para poder salir a la calle; después de las 9 de la noche es difícil encontrar sitios abiertos para cenar.

¿Alguien conoce el nombre de algún presidente de Suiza? ¿Si ha sido electa la derecha o la izquierda? Muy pocos, porque gobierne quien gobierne todo camina preciso y estable como manecillas de reloj.

Tomamos el tranvía cerca del lago con la finalidad de acudir a la televisora local para enviar nuestro reportaje vía satélite a México.

Nos sentamos detrás de una mujer que se cubre el cabello a la usanza musulmana y delante de dos hombres de raza negra que hablan en algún idioma africano. En el pasillo dialogan unos jóvenes en la mezcla que brota al acercar español, portugués e italiano, aunque con sonrisas y exclamaciones mucho más suaves que las propias de tan sonantes idiomas.

Ya en la televisora nos atiende un eficiente ingeniero turco y poco después emerge, cables en mano, un argentino.

No sabemos qué estereotipos saturen las mentes de quienes no han estado en Suiza (relojes, quesos, chocolates, bancos) pero dudamos que la gente imagine un sitio así de variado e integrado.

LOS TURCOS EN EL EXILIO

En Alemania viven en total 2.5 millones de turcos o descendientes de este país.

Si revisamos la selección germana encontraremos a inmigrantes polacos (Klose, Trochowski y Podolski), brasileños (Kuranyi y Cacau), ghaneses (Asamoah), nigerianos (Odonkor), bosnios (Marko Marin), españoles (Mario Gómez), caribeños (Marvin Compper), tunecinos (Sami Khedira) y, muy recientemente, turcos (Özil y Tasci).

Hasta hace unas décadas, los hijos de turcos nacidos en Alemania preferían jugar para el país de origen de sus padres y no para el que los adoptó.

Así, los gemelos Hamit y Halil Altintop, de brillantes carreras en la Bundesliga, decidieron portar la casaca otomana y no la teutona pese a que tenían serios problemas para comunicarse con sus compañeros debido a su limitado dominio del idioma turco.

Los Altintop reflejaban en muy buena medida a la inmensa comunidad turca en Alemania: no importa que tan adaptados estén a la cultural local, se siguen considerando turcos.

Una interesante encuesta exploraba a qué equipos apoyan las minorías en Alemania.

Mientras que iraníes, croatas, latinoamericanos, mencionaban el nombre de un cuadro germano, los turcos contestaron diferente: 39% Galatasaray, 29% Fenerbahce y apenas 2% Bayern Munich.

Acuden a cafeterías propiedad de turcos para ver jugar a equipos de Estambul, se alimentan a diario con comida turca y abarrotan el estadio cuando la selección turca disputa un partido amistoso en Dusseldorf, Berlín o Francfort (parecido al Tri en Estados Unidos).

Esa es la diferencia entre los turcos de Suiza y los de Alemania: que los primeros se sienten tan representados por su patria de adopción, que no dudan en jugar para ella.

Uno de los precursores fue el delantero Kubilay Turkyilmaz en los años noventa, pero los verdaderos símbolos de la diversidad del futbol suizo son los hermanos Murat y Hakan Yakin, utilizados como ejemplo de la multiculturalidad suiza.

Por ello a nadie molestó que cuando Hakan Yakin anotó a la selección turca en la pasada Eurocopa decidiera no festejar el gol: tan válido como integrarse es mantener el cariño a la cultura de procedencia.

¿EN LO PURO NO HAY FUTURO?

En Polonia arrojaban plátanos al delantero de origen nigeriano Emmanuel Olisadebe; en Alemania hubo manifestaciones de grupos neo-nazis por la convocatoria de Gerard Asamoah; en Holanda abundaban los jugadores con raíces en Surinam, pero no compartían mesa con los blancos; en Francia la extrema derecha decía que un plantel lleno de argelinos y negros no representa al país; en España costó que fueran aceptados primero Donato y después Marcos Senna (ambos mulatos brasileños).

El camino ha sido largo, como también el proceso de migración que ha convertido a Europa occidental y central en una sociedad plural y heterogénea.

Ya no cabe más el debate respecto a si es bueno o no: simplemente así es la Europa del tercer milenio y si tanto ha peleado la civilización occidental en trincheras de todo el mundo supuestamente por “igualdad y equidad”, entonces esa misma igualdad ha de ser parte de los núcleos urbanos ingleses, alemanes, estadounidenses, italianos y demás.

Marsella es tan norteafricana como francesa; Dortmund es tan turca como alemana; Madrid es tan ecuatoriana como española; Ámsterdam, Bruselas, Zurich, Londres, todas ellas albergan a numerosas razas, culturas, religiones y lenguas.

Canta Jarabe de Palo aquello de “En lo puro no hay futuro, la pureza está en la mezcla. En la mezcla de lo puro, que antes que puro fue mezcla” y hoy Suiza festeja a ese ritmo.

En la pasada Eurocopa la escuadra helvética alineó a jugadores de Cabo Verde, de Colombia, de Macedonia; ahora, a nivel sub-17, ese esquema es el que ha dado a los helvéticos su primer logro futbolístico.

Algunos jugadores son consecuencia de la migración sesentera y setentera, cuando portugueses, griegos, españoles e italianos demandaban otro sitio para mejor criar a sus familias.

Otros arribaron a tierras suizas en años recientes cuando Macedonia, Albania, Bosnia, Túnez, Chile, no lograban darles las situaciones adecuadas de empleo.

Un sector más llegó en búsqueda de refugio a causa de las interminables guerras en su tierra de origen: kosovares, kurdos que no pertenecen a ninguna nación, congoleses.

Hoy, todos ellos son tan suizos como Joseph Blatter y Roger Federer. Hoy, el único color de esas mil procedencias es el rojo de la casaca suiza; hoy, la única lengua de ese plantel es la del futbol; hoy su única fe ha sido la de alzar un trofeo.

Así es Suiza hoy y así tenía que ser también su selección; una cosa ha llevado a la otra y con espléndidos resultados. La mezcla de lo puro ha significado un título mundial.

VIAJANDO EN OTRAS LATITUDES

En muchas ocasiones nos desplazamos de Alemania a Suiza por carretera para hacer un reportaje.

Sólo para cruzar la frontera, la autoridad helvética te obliga a comprar una calcomanía de unos 500 pesos, la cual te autoriza a circular por todas las carreteras suizas.

A partir de ese punto ya no se paga ningún tipo de peaje.

TRABAJANDO EN OTRAS LATITUDES

En el 2003 seguimos la actividad de Lorena Ochoa en el torneo Evian de golf. Aunque se realizaba en el pueblo francés de Evian, enviábamos material y nos hospedábamos en Ginebra, Suiza, pues son ciudades muy cercanas y el cruce de fronteras es muy rápido.

HABLANDO EN OTRAS LATITUDES

El francés es uno de los idiomas oficiales de Suiza, pero existen notables diferencias en la manera de hablarlo respecto a París.

Los helvéticos, por ejemplo, simplificaron la numeración francesa. En Francia “soixante-dix” es “setenta” (traducible como sesenta-diez), al tiempo que en Suiza se creó la palabra “septante”.

APRENDIENDO EN OTRAS LATITUDES

Hay una palabra básica para entender la estructura política de Suiza: Cantón.

Así como la República Mexicana se divide en estados, Suiza está conformada por muchos cantones como Lucerna, Berna, Neuchatel o Zurich.

La selección

Suiza se coronó por primera vez en un torneo de la FIFA al ganar el Mundial Sub-17 disputado en Nigeria.

En el plantel
helvético figuraban hasta 13 jugadores cuyas raíces y orígenes se encuentran lejos de las fronteras suizas.

Los campeones del mundo reflejan con precisión a la nueva sociedad suiza: integración entre múltiples minorías.

Alberto Lati