La magnitud del fracaso

Juego de espejos

Federico Berrueto

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  • 2009-11-22•Al Frente


Flagelar o flagelarse. Noviembre de 2009. Foto: Javier García

Las noticias de esta semana son contundentes respecto a lo que ha sido la constante en este espacio: no obstante su democracia, México es ahora más corrupto, ineficiente, inseguro, violento e injusto. No es un tema de percepción, tampoco de opinión, la evidencia no requiere interpretación. Es una realidad dolorosa que a todos incluye, porque a casi todos afecta. Eludirla o minimizarla es continuar por el mismo trayecto.

Es fácil asignar la culpa a quienes ganaron el poder en la alternancia en la Presidencia; incluso, no falta a quien le dé por regocijarse por el tamaño de las dificultades y las fallas del actual gobierno. La realidad es que la causa de los problemas a todos alcanza; la sociedad ha sido complaciente y la opinión pública, con frecuencia, ha sido irrelevante en el eficaz escrutinio al poder. La calidad de un gobierno es equivalente a la de su oposición; ni el PRD o los partidos pequeños, mucho menos el PRI —oposición y gobierno— escapan de responsabilidad.

Flagelar o flagelarse nada aporta. Lo importante es hacer lo debido. Desde los espacios de libertad hay que señalar responsabilidades. No se trata de erigirse en juez moral, simplemente ejercer el escrutinio al poderoso desde la pluralidad periodística. En el balance sobre el estado de cosas nadie escapa, pero mayor responsabilidad hay en quienes tienen mayor influencia y decisión. Respecto al poder político, la rendición de cuentas no concluye en la formalidad institucional, la sociedad es fundamental en esta tarea, particularmente a través de la libertad de expresión. La descalificación personal no importa, ni para el comentado ni para el comentador. Lo relevante son los hechos de desempeño y, sobre todo, el balance general de la situación del país.

El gobierno del presidente Calderón ha estado entrampado de origen. Tres realidades convergen: una mala elección, un mal perdedor y un ineficiente ganador. La recomposición del poder político no condujo a la reconciliación, tampoco a un piso de entendimiento básico para el bien del país. El balance de estos tres años de gobierno y de ejercicio político de la oposición es de falsas reformas o contrareformas como la electoral. En el afán de ganar legitimidad, desde el gobierno la verdad se regatea; también es cierto que la situación está mal porque todos hemos hecho mal. Algunos preguntan si el sexenio concluyó en este periodo de sesiones del Congreso, otros más creemos que quien ejerce formalmente el gobierno no ha querido ejercer el poder. Ayer lo decía bien Sánchez Susarrey en Reforma: la reforma del ISSSTE y el cierre de Luz y Fuerza del Centro muestran que el poder presidencial sí puede.

El tamaño del fracaso es monumental. Los mexicanos no quieren explicaciones, sino resultados. La crisis mundial, la influenza, el chantaje y la falta de colaboración o corresponsabilidad políticas, la embestida del crimen organizado, lo que no se hizo en el pasado, la mala suerte o el mal tiempo no son exculpatorias de responsabilidad. La mala economía no sólo se explica por el error del actual gobierno, es el acumulado de más de una década de negligencia política y complacencia social. El mercado no existe porque el Estado —gobiernos, Congreso y entidades públicas— ha renunciado a promover la competencia y las libertades económicas. La política se regocija en arengas contra la pobreza y cotidianamente conspira contra la generación de riqueza, la única fórmula conocida para una efectiva y duradera equidad social.

El escribidor puede ser señalado de parcial —cargo cierto—, subjetivo —sin duda—, excesivo —también— y de injusto y pendenciero —resultado en todo caso involuntario—. No así de visceral, tampoco de mentiroso. Se trata de estar a la altura de los lectores de MILENIO y de la confianza editorial dispensada por quienes le conducen. El periodismo político es inevitablemente político; por eso es para congratularse compartir oficio con Ciro, Marín, Héctor Benavides, Joaquín, Héctor Aguilar, Carlos Puig, Román, Jairo, Valencia, Gómez Zalce, Néstor, Nacho Zavala, Álvaro y muchos otros, quienes escriben de frente, sin miedo y, por lo mismo, sin ambigüedad ni vacilación, rasgo muy propio de Multimedios y que dice mucho de sus propietarios.

Salir de las dificultades del país a todos obliga. Los críticos a la crítica. Con más pena que gloria, México conmemora los centenarios de Revolución y el de Independencia. No hay mucho lugar para la fiesta, excepto que sea ejercicio compartido —didáctica colectiva dice Liébano— para cambiar y mejorar. Es volver la vista al presente. Es ejercer derechos y cumplir responsabilidades sin temores, es construir en el día a día un porvenir deseable, una razón de orgullo personal y generacional, y, sobre todo, de bienestar para quienes vengan.

fberruetop@gmail.com