Una revuelta ciudadana contra el abuso y el cinismo
Carlos Heredia Zubieta
Carlos Heredia Zubieta
A medida que se aproxima el centenario de la Revolución Mexicana y el bicentenario de la Independencia nacional se multiplican las voces que pronostican un estallido social en nuestro país.
Yo no quiero hacerle al profeta, entre otras cosas, porque los estallidos sociales no avisan, nada más ocurren. Lo que sí quiero recalcar es que tanto nuestra élite económica como nuestra clase política (tricolor, azul o amarilla) ven la tempestad y no se hincan. El duopolio televisivo difunde que aquí no pasa nada, mientras el grueso de los funcionarios y de los legisladores prefiere echarse en los brazos del poder antes que trabajar con sus representados para transformar al país.
Empresarios monopolistas y políticos rapaces están empecinados en mantener sus privilegios a toda costa. Los primeros nos esquilman con precios abusivos y con bajos estándares de calidad que impiden el crecimiento económico y tienen a México rezagado frente a países como Brasil, Chile y Corea del Sur. Los segundos -sobre todo algunos gobernadores y alcaldes cuya voracidad no conoce límites- se exhiben cínicamente como depredadores, saqueando el presupuesto junto con su parentela y amigos de manera totalmente impune.
Y sin embargo, aunque parezca que abajo no pasa nada, las aguas se mueven. El miércoles 18 de noviembre en la capital de la República se presentó el movimiento Consumidores. Alfonso Ramírez Cuéllar, de El Barzón; Alejandro Calvillo, de la asociación civil El Poder del Consumidor; y Elena Aguilar, de la organización no gubernamental para el desarrollo Oxfam México, invitaron a los mexicanos a movilizarse “por los derechos del consumidor y frente a los monopolios” – más información en www.elpoderdelconsumidor.org y en www.oxfammexico.org
Este movimiento plantea introducir mayor competencia en la economía, en la política, y en los sindicatos, para que los ciudadanos tengamos mayores y mejores opciones. El cambio verdadero no va a venir de las élites económicas y políticas. Lo que no hagamos por nosotros mismos nadie más lo va a hacer. Organicémonos en asociaciones y movimientos que nos permitan oxigenar la vida pública del país.


